Carlos Manzo, el alcalde de Uruapan, Michoacán, "asesinado vilmente" (palabras de la jefa del estado mexicano, Claudia Sheinbaum), este sábado 1 de noviembre de 2025 en un evento público frente a cientos de personas, contaba con una escolta de 14 elementos de la Guardia Nacional y policías municipales de confianza, según informó el secretario de seguridad del gobierno federal, Omar García Harfuch.
Pudieron haber sido 200 guardias, o la cantidad que sea, al señor Manzo lo iban a matar porque en México se puede matar al que sea, porque en México la impunidad es la regla constante desde hace muchos, pero muchos años.
El estado mexicano ha fracasado en una de las tareas esenciales, si no es que la más importante: la seguridad para sus ciudadanos.
Y para que no se enojen los "diferentes e históricos", cualquier cosa que signifique esa mamarrachada, el fracaso del estado mexicano viene de décadas atrás, y claramente perdura hasta nuestros días.
¿En qué momento nos perdimos?, ya no tiene caso tratar de responder esa pregunta, pudo haber sido desde aquella infame década de los setenta cuando el populismo barato del centro (sí, el populismo), llevó al país a perder muchos de sus valores que se heredaron de otras generaciones, con nefastos presidentes (ni siquiera vale la pena poner sus nombres) que en lugar de estar en la cárcel les hicieron monumentos y le pusieron sus nombres a calles y avenidas.
Pudo haber sido en la siguente década, la de los ochenta, con un infame Miguel de la Madrid Hurtado que llevó al país a la pobreza total, pero quizás la miseria moral fue su mayor herencia; esa misma década culminó con un grupo de malhechores encaramados en el poder, y ya sabemos qué le pasó al país, pero nadie lo pagó, bastó con largarse por un tiempo a Dublin, y ya con eso supongo que saben de quién le estoy hablando.
¿Y la década de los noventa?, con México hundido en terribles crisis económicas, pero quizás la crisis moral y de valores, el encumbramiento del narco fue lo que sucedió y no nos dimos cuenta.
Así llegamos a este siglo, el siglo de la alternancia política que ha servido para un carajo.
Dos nefastos panistas en el poder, ni a cuál irle, uno de ellos desatando una estúpida guerra contra el narco, el baño de sangre que hoy perdura, esa sangre de los muchos Carlos Manzo que ya se cuentan por miles.
El regreso en la figura del Dandy de Atlacomulco, de esos miserables que saquearon por casi 80 años al país, no cambió en nada las cosas, el narco y la criminalidad se encumbraron más.
Pero sin duda, sin temor a decirlo, ya como una absoluta realidad, la estupidez llamada "abrazos no balazos", cuyo autor debería estar en una celda y no descansando allá en la Chingada, su finca imperial, fue la derrota y la abdicación del estado mexicano en favor de los criminales.
Fue un crimen entregar el estado mexicano al narco, así sea también pueblo bueno y sabio, pero como siempre sucede en este país, nunca lo pagarán.
Hoy el estado mexicano ya no puede esconder su fracaso, su fracasototote diría el recién fallecido Manolo Lapuente, por más que quiere.
¿Con "abrazos no balazos" habremos tocado fondo?, no lo sabemos, pero lo que ya es evidente es el reinado del crimen organizado en México.
Carlos Manzo murió porque debía morir, así lo determina el crimen organizado, ¿Y el estado mexicano?, ese importa un carajo.
El mensaje del sábado 1 de noviembre de 2025 fue claro y contundente: Señor Manzo, y todos los Manzo del país, en México manda el crimen organizado.