Hay pocas cosas que logran reunir a los mexicanos con tanta facilidad como una buena mesa. Basta un buen plato de pozole, una carne asada, unos tacos salidos del trompo o unos buenos chilaquiles para que aparezcan las risas, las anécdotas, la plática y la convivencia.
Hace unos días descubrimos que existe otro ente capaz de hacer exactamente lo mismo: nuestra Selección Nacional.
Durante semanas nos reunimos frente a una pantalla como tantas veces lo hacemos alrededor de una mesa. Compartimos comida, bebida, nervios y felicidad. Celebramos cada gol con el mismo entusiasmo con el que cantamos las mañanitas por un cumpleaños.
En un país que muchas veces parece dividido por opiniones, generaciones o ideas, el fútbol volvió a recordarnos que también sabemos caminar juntos, disfrutar juntos, reír juntos y vivir juntos… como también sucede alrededor de la mesa. Y más allá del resultado, el Tri nos regaló tardes de ilusión, conversaciones interminables y hasta abrazos espontáneos entre desconocidos. Nos hizo volar, nos recordó la fortaleza que tenemos como país, le mostró al mundo nuestra calidez y sabor, nos recordó que todavía existen motivos para celebrar colectivamente y nos hizo ver cómo un mismo sentimiento puede reunir a millones de mexicanos bajo el mismo lema en el mismo espacio ¿Y si sí?
Gracias por la entrega, por la pasión y por recordarnos que representar a México sigue siendo un privilegio que merece vivirse con el corazón. Gracias, sobre todo, por regalarnos la felicidad colectiva que nos recordó que México es único, inigualable e irrepetible.
Porque, igual que sucede con la gastronomía mexicana, los mejores momentos alrededor de la mesa no solo dependen de lo que hay sobre ella, sino de las personas con las que compartimos.
¡Viva México!
Amante del Buen Comer