El Gobierno de Estados Unidos entró oficialmente en cierre tras el fracaso del Congreso para aprobar una medida de financiación, en medio de una intensa pugna entre republicanos y demócratas por los subsidios del programa Obamacare. Este es el primer cierre gubernamental desde 2019 y ha generado una profunda incertidumbre sobre su duración y consecuencias.
La parálisis legislativa se originó por el rechazo demócrata a extender el presupuesto federal por siete semanas sin recibir concesiones en materia de salud pública. Aunque los republicanos han insistido en mantener el gasto actual temporalmente, los demócratas se niegan a ceder sin garantías de negociación sobre los subsidios.
El Senado se prepara para votar nuevamente el mismo proyecto republicano, que será presentado de forma reiterada hasta que se logre una mayoría. Sin embargo, varios senadores demócratas han reafirmado su negativa, incluso frente a las amenazas del presidente Donald Trump de utilizar el cierre para reducir el tamaño del aparato gubernamental de manera permanente.
El senador Josh Hawley advirtió que la clase trabajadora será la más afectada por la falta de acuerdos, mientras que el senador Sheldon Whitehouse expresó su preocupación por los posibles daños irreversibles que podría provocar la oficina de presupuesto de la Casa Blanca.
Dentro del Partido Demócrata, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, enfrenta presión para mantener la cohesión interna, aunque ya se han registrado cambios de postura. Catherine Cortez Masto, Angus King y John Fetterman se sumaron al respaldo del plan republicano, lo que ha sido interpretado como señales de debilitamiento en la estrategia demócrata.
A pesar de las divisiones, senadoras como Jeanne Shaheen y Maggie Hassan se mantuvieron alineadas con la posición de Schumer tras intensas negociaciones en el pleno. Mientras tanto, millones de ciudadanos enfrentan las consecuencias del cierre, sin claridad sobre cuándo se restablecerá el funcionamiento del Gobierno federal.