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De inundación a reserva: la oportunidad de hacer de cada aguacero una reserva frente a la escasez

De inundación a reserva: la oportunidad de hacer de cada aguacero una reserva frente a la escasez

Columnas miércoles 01 de octubre de 2025 -

El sábado 27 de septiembre la Ciudad de México vivió una de las lluvias más intensas de las últimas décadas. En la zona oriente, calles enteras se transformaron en canales y familias quedaron atrapadas en casas anegadas. Iztapalapa, que suele aparecer en las noticias por la falta de agua en sus colonias, esta vez padeció por el exceso. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, habló de la magnitud de esta última a la que catalogó la más fuerte en 34 años, con más de 31 millones de toneladas de agua descargadas.

Y sin embargo, apenas baja el nivel del agua vuelve la rutina conocida: abrir la llave y no encontrar líquido. Nos seguimos inundando con lluvias que cada semana parecen romper récords, pero el dilema permanece: ¿qué hacemos con toda esa agua, más allá de llenar presas? La paradoja es evidente: miles de litros se van a la coladera mientras la ciudad recurre a tandeos y pipas para abastecer a sus habitantes.

Hace unos días, en la Ciudad de México se celebró el foro Aquatech, un espacio que dejó más que diagnósticos. Fue una oportunidad para escuchar propuestas reales que, vistas en conjunto, podrían resumirse en cuatro verbos: captar, reusar, cuidar y diseñar.

Cambiar la mirada es esencial. Mientras sigamos viendo ríos y lagos como “depósitos de contaminantes” y no como parte de un ciclo que puede realimentarse, perderemos oportunidades. Reciclar significa usar la misma agua varias veces dentro de un sistema; reusar es destinarla a un fin distinto, como la agricultura. Y hay países que muestran lo posible: Israel reutiliza el 85% del agua que consume, lo que le ha permitido convertir un desierto en un referente agrícola.

Cada lluvia que llamamos “histórica” debería verse como una reserva futura. Si nuestras ciudades fueran sensibles al agua, banquetas, techos y camellones estarían preparados para captar tormentas y recargar acuíferos. Adaptación y resiliencia no deberían ser estándares. Y aquí la pregunta es simple: si hoy existen incentivos para que los hogares instalen paneles solares, ¿por qué no ofrecerlos para sistemas de captación pluvial?

Una frase escuchada en el foro resume bien el desafío: “Si reciclamos latas, ¿por qué no reciclamos el agua?”. Para dar ese paso hacen falta dos decisiones inmediatas: actualizar normas que bloquean el reuso y explicar con transparencia qué paga el usuario y en qué se invierte. Con tarifas progresivas por el uso de agua, campañas diferenciadas y organismos operadores sin tintes políticos se puede hacer mucho.

El marco legal, aunque sólido en teoría, necesita ajustes para no inhibir inversiones ni alargar trámites. La industria —que no es la gran devoradora del recurso— pide certeza para medir, tratar y devolver agua en mejores condiciones de las que toma. No se trata de abrir la puerta al dispendio, sino de establecer un pacto serio con reglas claras.

La tecnología también ofrece rutas. La digitalización no es un lujo: es la diferencia entre adivinar fugas o detectarlas. Ya se prueba en contextos urbanos complejos; lo que falta es continuidad y escala. En el campo, los datos son igual de reveladores: producir un kilo de jitomate a cielo abierto exige más del doble de agua que en agricultura protegida, donde aun así se pierde un 30% por drenaje. Las soluciones probadas son el riego inteligente, la reconversión productiva y el reconocimiento del agua tratada como insumo válido.

Existen además experiencias internacionales que muestran el camino. En Canadá, una minera logró recuperar más del 70% del agua en un entorno altamente contaminado. En Europa, varios proyectos integran la gestión hídrica con energías renovables, entendiendo que el agua forma parte de un sistema mayor. Son ejemplos que México podría adaptar a su realidad.

El agua también es cultura cívica. Hace años que el país no impulsa una campaña sostenida sobre el tema. Urge un movimiento nacional de conciencia hídrica que convoque a gobierno, empresas, academia y sociedad. Para la recién creada Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA) y su titular, Mario Esparza, esta es la oportunidad de encabezar un viraje histórico: colocar al agua en el centro de la cultura ciudadana y no solo en la agenda técnica.

No podemos seguir atrapados entre la inundación y el tandeo. La ruta que proponen expertos es captar lo que cae, reusar lo que tratamos, gobernar con políticas públicas y reglas. Si lo hacemos, la próxima temporada de lluvias será reserva.

Ivonne Arriaga
Asesora en comunicación política con enfoque en narrativa y estrategia gubernamental

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/CR

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