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El G7: reminiscencias setenteras

El G7: reminiscencias setenteras

Columnas miércoles 29 de junio de 2022 -


La reciente cumbre el G7 celebrada en Alemania tuvo efluvios de los años setenta. Inflación, crisis energética, enfrentamiento severo con Rusia, crecimiento económico feble, carestía alimentaria, temas muy comunes cuando nació el grupo en el lejano 1975 con su primera junta en el castillo de Rambouillet. Paradójicamente, justo por ello esta singular institución internacional podría volver a cobrar relevancia. La incertidumbre sobre la guerra de Ucrania y el rápido deterioro de las perspectivas económicas en todo el mundo exacerba la sensación de vulnerabilidad global. El G7, como ha sucedido con la OTAN, recupera transcendencia en un mundo donde crecen las rivalidades estratégicas entre las grandes potencias y cada espacio internacional es susceptible a convertirse en un campo de batalla.

El G7 ha perdido capacidad para configurar los asuntos económicos mundiales. La participación de sus miembros en el PIB mundial era del 44 por ciento en el año 2000 y hoy apenas llega al 31 por ciento. Pero aún conservan cohesión de propósitos y capacidad de actuar unidos en temas de gobernanza mundial. Juntos tienen dos quintas partes de los derechos de voto en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional y desempeñan un papel relevante en la financiación de las operaciones humanitarias internacionales. Por ejemplo, cubrieron el 70 por ciento del presupuesto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en 2021. China aportó menos del 1 por ciento.

El G7 reafirmó unánimemente su solidaridad completa e incondicional con Ucrania, aparentemente dejando atrás ciertas dudas surgidas recientemente. También externaron sus buenas intenciones para tratar de superar la sombría situación de la economía mundial, sacudida por la guerra y la pandemia. Pero si de verdad quiere recuperar liderazgo mundial necesita demostrar genuina capacidad (y no solo discurso) para responder a los retos mundiales. Cierto, su papel geopolítico debe reforzarse, pero sería un error si únicamente se concibe como una coalición antirrusa y antichina. Si lo hacen alienarían a muchos países no occidentales impelidos a triangular entre el G7, Moscú y Pekín.

También se celebró en estos días otra cumbre: la de los BRICS, con los líderes de las cinco principales potencias emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El evento representó la reaparición de Putin en el escenario mundial de primer nivel, quien con esto demostró no estar aislado internacionalmente. ¿Podrá este grupo convertirse en una alternativa al G7? Primero deberán vencer sus debilidades. Carece de una coherencia básica en las visiones globales de sus integrantes. El G7 tuvo sus referentes en el enfrentamiento contra un enemigo común (la URSS), la decisión compartida de defender la democracia y los derechos humanos y su fe inquebrantable en el libre mercado. Ópticas comunes de esta envergadura no existen aún entre las potencias emergentes, cuyos elementos integradores son sumamente circunstanciales.

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