En nuestro país las grandes desigualdades persisten, una de cada 15 niñas que ingresan a la escuela primaria, no se gradúan. De acuerdo con estudios realizados por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), se reveló que las niñas constituyen un 15% más que los niños que no tienen educación. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, 4 de cada 100 hombres y 6 de cada 100 mujeres de 15 años y más no saben leer, ni escribir.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre las razones de la deserción escolar femenil se encuentran: el embarazo a edad temprana, matrimonio, y cuidado a la pareja/hijos u otro miembro del entorno familiar.
La UNESCO define el derecho a la educación como uno de los pilares fundamentales para el desarrollo humano. El rezago educativo es un reto que la humanidad ha tratado de superar desde el siglo XX. En las agendas globales, la educación sigue siendo una prioridad, así lo demuestra la Agenda Mundial para la Educación 2030.
La desigualdad educativa es un fenómeno que obedece a múltiples factores, para las mujeres, las dificultades que les impiden acceder a este derecho están completamente vinculadas a una razón de género. La estructura social que ha determinado su rol como esposas, madres y cuidadoras, frena su desempeño educativo. “Según el Instituto de la Mujer, en el 2001, las mujeres dedicaban más tiempo que los hombres al trabajo de la casa, mientras que éstos consagraban más horas al estudio”. (Nuria, Varela. 2005:174).
Las niñas y jóvenes que son apartadas del sistema educativo, viven la incertidumbre de un mundo que cada vez exige mayor preparación académica. Las mujeres que actualmente se encuentran en la tercera edad, están completamente aisladas del desarrollo global, su contexto social e histórico no les permitió adquirir las herramientas básicas para su independencia económica y con ello tener una vejez digna. Por ello he construido una agenda legislativa con perspectiva de género, hasta que la igualdad sea una realidad para todas las mujeres en cada rincón del país.
Al integrar la perspectiva de género en los planes de estudio, dimos un paso importante en la lucha por los derechos de las mujeres, sin embargo, los planes educativos deben responder a las necesidades específicas de la población, que consideren su contexto laboral, económico y social.
Los roles de género son un problema que nos afecta a todos, pero jamás podrán erradicarse sino contribuimos a generar una igualdad de oportunidades, que nos ayude a construir una sociedad más justa para todas y todos.
La educación es la herramienta esencial para la transformación y el desarrollo de México.
María Rosete
#porlosqueamamos