La psicóloga y escritora Edith Eger, reconocida por su testimonio en La bailarina de Auschwitz, murió a los 98 años, dejando un legado centrado en la resiliencia, la memoria histórica y la superación del trauma.
Eger fue deportada al campo de concentración de Auschwitz cuando tenía apenas 16 años, donde vivió experiencias extremas, incluida la pérdida de sus padres en las cámaras de gas. Durante su cautiverio, sobrevivió en parte gracias a su habilidad para la danza, ya que fue obligada a bailar para el médico nazi Josef Mengele.
Tras la liberación de los campos de concentración, emigró a Estados Unidos, donde reconstruyó su vida y se convirtió en una destacada psicóloga especializada en trauma y estrés postraumático, influenciada por el pensamiento de Viktor Frankl.
Su obra más conocida, publicada décadas después de la guerra, se convirtió en un fenómeno editorial internacional, con cientos de miles de ejemplares vendidos y un impacto profundo en lectores de todo el mundo. En ella, Eger relató su experiencia en el Holocausto y ofreció reflexiones sobre la sanación emocional, el perdón y la libertad interior.
A lo largo de su vida, dedicó su trabajo a ayudar a otras personas a enfrentar sus propios traumas, convirtiéndose en una voz clave para entender las secuelas psicológicas del horror y la importancia de la resiliencia. Su muerte representa la pérdida de un testimonio fundamental del siglo XX, aunque su mensaje de fortaleza y esperanza perdurará en su obra.