El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, afirmó este domingo que el asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, por parte de Estados Unidos e Israel representa una “declaración abierta de guerra contra los musulmanes”, especialmente contra los chiíes, y legitimaría una respuesta militar de Teherán “como deber y derecho legítimo” para vengar lo ocurrido, en medio de una escalada bélica que ha sumido a Medio Oriente en un conflicto de gran envergadura.
Pezeshkian, quien asumió el liderazgo del país junto a un consejo provisional tras la muerte de Jameneí, condenó en un comunicado difundido por la televisión estatal la operación conjunta de EE.UU. e Israel, describiéndola como un ataque del “siniestro eje estadounidense-sionista” que justifica represalias contra los “autores e instigadores” de lo que calificó como un crimen histórico. Además, aseguró que Irán utilizará “todas sus capacidades” para cumplir con la venganza contra quienes considera culpables.
La ofensiva militar comenzó el 28 de febrero con ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones estratégicas iraníes, en los que se confirmó la muerte de Jameneí y varios altos mandos de la cúpula militar de Irán, según reportes de medios y autoridades iraníes, un hecho que ha desencadenado una serie de contraataques con misiles y drones por parte de Teherán contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en la región.
Irán declaró un periodo de luto nacional mientras sus fuerzas armadas responden a los ataques, ampliando el conflicto más allá de sus fronteras y afectando a varios países del Golfo Pérsico. En paralelo, líderes políticos de distintas regiones han expresado su preocupación por la escalada y han hecho llamados a la desescalada y al respeto al derecho internacional para evitar una guerra de mayores proporciones.