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LA LEALTAD DE LA NEM: EL VALOR QUE LE FALTÓ A MARX ARRIAGA

LA LEALTAD DE LA NEM: EL VALOR QUE LE FALTÓ A MARX ARRIAGA

Columnas miércoles 18 de febrero de 2026 -

La Nueva Escuela Mexicana (NEM) presume un catálogo de valores que, en teoría, buscan recomponer el tejido social desde las aulas. Entre ellos, uno destaca por su carga política y moral: la lealtad. No como obediencia ciega, sino como compromiso con la comunidad, con el proyecto educativo y con la institución pública.

Sin embargo, la lealtad —cuando se traslada del discurso pedagógico al terreno del poder— deja de ser un ideal formativo y se convierte en una prueba: ¿lealtad a la educación pública o lealtad a las ideas personales?

Esa pregunta explica, en buena medida, lo que ocurrió con Marx Arriaga, quien se desempeñaba como director de Materiales de Lectura de la SEP y terminó siendo uno de los personajes más polémicos dentro del proyecto educativo federal.

La lealtad institucional implica algo básico: saber que el proyecto educativo es más grande que cualquier funcionario. En ese sentido, el problema de Arriaga no fue sólo lo que decía, sino lo que provocaba.

Con el paso del tiempo, su figura dejó de ser un funcionario encargado de loslibros de texto y se convirtió en un símbolo: de confrontación, de polarización y de disputa ideológica. En lugar de fortalecer el mensaje educativo de la SEP, terminó desplazándolo.

Y cuando un funcionario se vuelve más visible que la institución, la lealtad empieza a fracturarse.

En educación, la lealtad se demuestra con resultados, con diálogo y con capacidad de consenso. La escuela pública no funciona por imposición: funciona por confianza.

Pero el estilo de Arriaga —frontal, rígido, combativo— rompió puentes con sectores clave: docentes, especialistas, actores educativos y comunidades que esperaban conducción, no disputa.

En un sistema tan complejo como el educativo, la falta de acuerdos no es un detalle: es una crisis en construcción. Si la NEM afirma que busca formar ciudadanos críticos y solidarios, los funcionarios de la SEP tendrían que ser los primeros en actuar con responsabilidad institucional. La lealtad, entonces, no puede significar sostener una narrativa personal ni convertir la educación en campo de batalla.

Y ahí es donde Arriaga falló: confundió convicción con conducción, y discurso con gobernabilidad.

A Marx Arriaga lo derrumbó la falta de lealtad institucional: la incapacidad de entender que la educación pública no se defiende con confrontación permanente, sino con legitimidad, acuerdos y respeto a la comunidad educativa. Que los libros de texto que le encargaron, no eran de su propiedad, y bien lo refirió la presidenta Claudia Sheimbaum, al comentar que “Los libros de texto no son patrimonio de una persona”.

La lealtad que la Nueva Escuela Mexicana presume como valor no es un lema para carteles. Es una responsabilidad práctica. Y cuando un funcionario no lo entiende, termina siendo reemplazado.

Porque en la SEP, como en la escuela pública, el proyecto por una educación de excelencia debe estar por encima del personaje.

DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MuxED)

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