Pareciera que a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) le encanta estirar la liga, a ras del rompimiento, sin importar daños humanos y materiales.
Es una historia o película que se repite año con año. Llega, instala sus casas de campaña, bloquea calles, causa destrozos a establecimientos privados y públicos, amenaza y se sienta a negociar con las autoridades.
Se lo han hecho a gobiernos del PRI y el PAN. Los de Morena no se han salvado. Se suponía que sus acciones virulentas llegarían a su fin con el arribo de la izquierda al poder. Para nada. Lo que le importa a la coordinadora es que se le atienda como exige.
Tiene una dirigencia colectiva, al menos es lo que se observa cuando uno se acerca a escuchar a quienes funcionan como voceros, nunca son los mismos. Puede hablar un hombre o una mujer, aunque los varones son los que más dan la cara.
Quizás es la fórmula que le garantiza a la CNTE no ser vencida por el oficialismo, no hay una cabeza identificable, a la que se pueda presionar y obligarla a ceder a la firma de un pronto acuerdo, que disuelva las protestas y haga regresar a los maestros a sus lugares de origen.
Obviamente sus demandas laborales implican recursos. Siempre se ha dicho que realizan doble juego; por un lado, la formalidad de las exigencias y por el otro, lo que plantean debajo de la mesa, el chantaje, el dinero que permita mantener la operación del movimiento.
En el gobierno de Vicente Fox, su secretario de Gobernación Carlos Abascal creyó que podía controlar a la CNTE sin darles un solo quinto. Arreciaron las protestas y hubo un muerto en Oaxaca, un turista norteamericano, víctima de una bala “perdida”. Los foxistas terminaron por doblar las manos.
Para el siguiente año, Abascal ya no se atrevió a cerrarles la llave del dinero. Hizo efectiva la frase de que “vale más un mal arreglo que un buen pleito”.
Nunca los maestros han conseguido al cien por ciento lo que han pedido formalmente. Por la actitud que asumen o el nivel de sus protestas dan la impresión de que van por el todo o nada.
Eso sí, jamás han regresado a su terruño con las bolsas vacías. Y las demandas laborales que se quedan a medio cumplimiento, servirán para armar nuevo paquete de peticiones en el siguiente año.
Modus vivendi de la coordinadora. Les funciona. Por eso es que vuelven cada año a la Ciudad de México y amplían sus protestas en otros cinco o seis estados del país.
Son especialistas en cerrar calles y carreteras. Tienen equipo para las embestidas que requieren fuerza física. Los tiene sin cuidado que terceros, los ciudadanos y ciudadanas de a pie, paguen las consecuencias, que se queden sin transporte público y sin otra forma de trasladarse a su centro de trabajo o retornar a sus domicilios. Lo peor es para las personas discapacitadas. A los pequeños comerciantes no les queda otra que cerrar sus negocios o correr el riesgo de que sean atracados.
La verdad, esta forma de operar confirma el grado de inteligencia de los líderes magisteriales. Lástima que esa inteligencia no la utilicen para mejorar el nivel de los escolares.
Es tal la logística y eficacia de sus manifestaciones que cualquiera de los participantes acampa en las calles sin quejarse. La comida y el agua no les falta. Tampoco el lugar para realizar sus necesidades fisiológicas. Y si alguien los cuestiona sobre su protesta, tienen la respuesta correcta o remiten al preguntón con los líderes del movimiento.
Hasta ahora, nadie del oficialismo, de ningún partido, ha sabido neutralizar las tácticas de la coordinadora.
La idea no sería tiranizar a maestros sino encontrar los caminos que conduzcan a resolver sus inquietudes.
¿Serviría de algo la inteligencia artificial para encontrar la solución, antes de que se rompa la liga?
X y TikTok: @zaraateaz1