Kevin González, un joven de 18 años con cáncer terminal, falleció pocas horas después de reencontrarse con sus padres en México, luego de que estos fueran deportados de Estados Unidos para poder estar con él en sus últimos momentos.
El joven padecía cáncer de colon metastásico en etapa avanzada y su estado de salud se había deteriorado rápidamente en los días previos, al punto de que ya no podía comer ni beber y tenía dificultades para hablar.
Sus padres, quienes habían sido deportados años antes, intentaron ingresar a Estados Unidos para verlo, pero sus solicitudes fueron rechazadas debido a su historial migratorio. Ante la urgencia, cruzaron la frontera de manera irregular, fueron detenidos por autoridades migratorias y permanecieron en custodia durante varias semanas.
Un juez federal en Arizona autorizó posteriormente su deportación acelerada a México por razones humanitarias, lo que permitió el esperado reencuentro en Durango, donde el joven había viajado desde Chicago para esperar a su familia en casa de su abuela.
Médicos que atendían a Kevin habían advertido que su pronóstico era crítico y recomendaron cuidados paliativos, señalando que le quedaba poco tiempo de vida. Tras la reunión con sus padres, el joven falleció ese mismo día, cumpliendo su deseo de estar acompañado por su familia en sus últimos momentos.