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No venimos a pedir limosna sino justicia: ex braceros

No venimos a pedir limosna sino justicia: ex braceros

Nación jueves 18 de noviembre de 2021 -


Claudia Bolaños

Sus 90 años de edad no son impedimento para que Aniceto Contreras Barajas, oriundo de Michoacán, siga saliendo a las calles a exigir que le devuelvan sus ahorros que como migrante en Estados Unidos generó en Estados Unidos.

“No venimos a pedir limosna, sino lo que es nuestro, justicia eso queremos, que nos pague el gobierno nuestro dinero a los presentes y ausentes”, dice firme.

Con el inicio de la 65 Legislatura, en septiembre, ex braceros o sus sobrevivientes retomaron sus protestas frente a la Cámara de Diputados, sin que nadie, absolutamente nadie de ese recinto les pusiera atención.

Ayer un grupo de ex trabajadores migrantes, paisanos de don Aniceto, decidieron bloquear carriles de Reforma y colocarse en un plantón permanente, en espera de que la Secretaría de Gobernación les ponga atención a sus demandas.

Ellos, o sus familiares, reclaman los ahorros del Programa de Trabajadores del Campo de México en Estados Unidos, registrado entre 1942 y 1964, tiempo en el que el país vecino abrió la puerta a más de 4,5 millones de mexicanos para emplearlos en trabajos de agricultura, minería, limpieza, entre otras.

El gobierno norteamericano pensó en hacerles fondos de ahorros que fueron enviados a México que las autoridades ingresaron en tres bancos y luego el dinero desapareció sin que a la fecha haya responsables o claridad en el tema.

Dicho programa fue resultado de la falta de brazos para trabajar en esas y muchas áreas más, ante la necesidad de fuerza laboral con motivo de la Segunda Guerra Mundial.

En aquellos tiempos el trabajo era arduo, cruel, violador de derechos humanos, como lo narra Ascensión Zavala, 79 años, quien entre 1961 y 1962 estuvo “del otro lado”, buscando dólares para dar una mejor vida a su familia.

Recuerda que en Calexico, en California siendo un jovencito entre 19 y 20 años, pasaba humillaciones en los campos agrícolas, donde eran tratados como animales e infectados.

“Estábamos en grupos de 30, nos daban una polveada de algo, luego nos encueraban de todo a todo. Nos ponían en 20 uñas, nos revisaban de cabo a rabo, y nos daban una fumigada y nos decían ahora si póngansela trabajaba en el campo”.

Por ello, considera que es justo “que ya nos paguen, que ya estamos cansados necesitamos que se apiaden de nosotros”, dice a Contra Réplica.

Ignacio Navarrete, tiene 87 años ahora, pero en sus años de fuerza, de juventud, estuvo en varios lugares de estados unidos, audando a la economía de aquel país, considerado primera potencia mundial.

Él estuvo en California, Salinas, San Francisco, Sacramento, Yuma,
Michigan, Montana, Colorado y Arizona lugares donde le fue retenido parte de su sueldo para su fondo de ahorros, el cual se integraba con una parte de apoyos económicos estadounidenses.

“De eso han pasado muchos años, muchos gobiernos mexicanos de distintos colores pero nos ignoran, y no saben el sufrimiento que uno pasó allá y ahora al estar aquí”, dijo.

Él y sus compañeros recuerdan una promesa hecha a la Alianza Braceroproa, fundada en 1998, : “ Cuando hablamos con el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, que dijo que en cuanto él llegara a la presidencia, LE dieran 30 días para pagarles”.

“Hicimos una lona con esa frase, de: A 30 días de mi mandato les pagamos, pero a la fecha no hay nada”, dice Felipa, de 70 años, hija de Agustín Plata Góngora, quien fue bracero en California, y quien murió en 1989.

Como Felipa, María del Consuelo Álvarez, sigue manifestándose a nombre de la memoria de su esposo Fidencio Morales Castillo, quien murió con la tristeza de no recibir el dinero anhelado, fruto de su esfuerzo.

“Somos esposas, somos hijos… Yo soy esposa. Ya mi esposo se fue, falleció ,estaba con la ilusión de recobrar sus ahorros, pero luego con la tristeza de no recibirlo…decía: Nunca lo voy a ver ese dinero… y así fue, vinieron gobiernos y gobiernos y nada”.

Al igual está Gabriel Barrera Cruz, hijo de Orlando Barrera Martínez , quien está en busca de la justicia para su padre acaecido.

Agustín López Vega, de 84 años, trabajó en Santa Clara, y ahora vive en Ticomán, de donde sale muy temprano para llegar a la protesta a las 7:20 am, cuando aún los diputados ni arriban. Ya dos veces lo han tirado en el Metro, y ahora anda fajado.

Don Aniceto, el nonagenario que es imagen de una de las lonas que llevan y traen en sus protesta, donde se le ve con herramientas que usaba para el corte de pepino, agachado por horas y horas, viene y va solo al punto de la manifestación, ante la oposición de su familia.
“En ocasiones me dicen que ya no venga, que puede ser puro engaño, que nos van a dar los ahorros pero yo vuelvo a insistir porque es nuestro dinero, no venimos a pedir limosnas sino que nos paguen nuestros ahorros”.


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MF/CR

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