Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
Los rasgos del obradorismo o del morenismo "duro", si eso existe, no son una anomalía, sino una tendencia global. Cuando Nerón es representado viendo incendiarse Roma, desde su plácido balcón, producto de sus ocurrencias, la imagen nos recuerda que los demagogos pueden adquirir un poder inmenso, que sin embargo necesita de la turba enardecida como combustible, y que generalmente no sufren las consecuencias de sus actos, porque cuando la ciudad está en llamas, ellos ya se han ido. Los líderes políticos, hasta los más autoritarios, alegan estar actuando de acuerdo a la voluntad popular; ellos son simples conductos de la soberanía originaria. Por eso los más cínicos, como Viktor Orbán en Hungría, califican su forma de gobierno como "democracia iliberal", evocando un gobierno donde ninguna libertad está segura y ningún derecho es inviolable, pero que sin embargo goza de un respaldo mayoritario. Si eso sigue siendo democracia es más que cuestionable, pero lo traigo a cuento para exhibir que ese tipo de gobierno, manifestación actual de la demagogia clásica, lleva inherentes ciertas tensiones y riesgos que tarde o temprano pasan la factura. Porque la legitimidad de un arsonista viene de generar incendios, por lo que su conducta pública debe ser siempre gritona, majadero, radical, y ante los reclamos, doblar la apuesta de sus desplantes bravucones e irresponsables. Así son los políticos de masas en la era que vivimos. Así es Fernández Noroña, y así era también, aunque bastante más calculador, AMLO. El problema: cuando tienes enfrente personas iguales, como Trump, sus sicofantes de la Casa Blanca y el senador cavernícola ese de las tarifas.
Porque cuando tienes enfrente a un estadista, no responde a tus estupideces con otras estupideces más grandes; no te sigue el juego. Adenauer o Gladstone no le hubieran contestado el tuit a nuestro lamentable senador, ni siquiera hubieran reconocido su existencia. Pero estos señores no son los que están en el gobierno de Estados Unidos en 2025. Ellos se ven obligados, como los nuestros, a ser cada vez más patanes, más imbéciles, más agresivos, porque para su base, que es igual, eso demuestra fuerza. El segundo problema es que ellos tienen la sartén por el mango. El electorado morenista siente un placer casi erótico cuando alguno de sus compañeros les dice “sus verdades” a quien sea, pero los intereses económicos y políticos norteamericanos no responden al electorado mexicano, así que no estarán nunca intimidados por el “tribunal de la opinión pública” que hay en los medios oficialistas ni en las conferencias mañaneras. AMLO lo sabía, y por eso, cuando importaba, estuvo dispuesto a hacer lo que hiciera falta, como volverse la policía fronteriza durante el primer mandato de Trump. Me parece que la clase política que se quedó y lo sucedió, no tiene muy claro esto.
Max Weber, a quien quizás Noroña haya leído hace mucho, sin mucha atención, distingue entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Cuando eres un ideólogo, o un padrecito de pueblo, puedes optar siempre por la primera. Pero cuando tienes un puesto público, importa más la segunda, es decir, la acción previendo las consecuencias de tus palabras y tus actos. Por eso “tener la conciencia tranquila” no es lo que más debería importarles a los políticos, porque un gobierno no es una clase de catecismo, y lo que deriva de sus actos no es simplemente un reproche moral de su propia consciencia, sino cosas feas, para otros. Ojalá recapacite el senador. Ojalá recapaciten los otros. Jared Diamond nos recuerda que Finlandia es una democracia que tuvo que hacer concesiones a la Unión Soviética durante muchos años, que cualquier democracia consideraría vergonzosas. Pero no podía permitirse arriesgar su propia seguridad nacional y la de sus habitantes, por un tema de ego ni de “qué dirán los demás”. No se trata de apreciar a los republicanos del norte que nos quieren estrangular económicamente, porque no son en absoluto apreciables. Pero no se trata de provocarlos y darles pretextos, tampoco.