@onelortiz
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Tres casos de alto impacto se cocinan a fuego lento en el contexto latinoamericano. Como si fueran pollos, acaban de entrar al rostizador y permanecerán ahí de acuerdo con intereses y tiempos.
El primer pollo en el rostizador, o mejor dicho en el asado argentino, es el contralmirante mexicano Fernando Farías Laguna, el sobrino incómodo, capturado en Buenos Aires mediante una colaboración entre la policía argentina y agentes de la CIA. Las autoridades mexicanas reclaman su extradición, pero el exmarino mexicano ya solicitó que sea tratado como preso político, pues afirma que su vida corre peligro en tierras mexicanas.
El que está feliz con esta detención es el presidente argentino Javier Milei, porque no sólo logró una detención de alto perfil para un país cuyo gobierno es totalmente opuesto a su ideología, sino porque los servicios de inteligencia argentinos tendrán acceso a información vital de uno de los hechos de corrupción más relevantes de los últimos años en México. Además, se habrá ganado una estrellita del gobierno de Donald Trump, con el que tanto Milei desea congraciarse.
El segundo pollo en el rostizador es la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, porque más allá de los discursos panistas de combatir el narcotráfico, fue prácticamente capturada en flagrancia violando la Constitución y un buen número de artículos de la Ley de Seguridad Nacional, lo que ameritaría no sólo su desafuero, sino su consignación por diversos cargos penales. La presidenta Sheinbaum fue clara al señalar que el problema no se resolvía con la renuncia de un fiscal. De esta manera, la Fiscalía General de la República colocó una inmensa espada de Damocles sobre el gobierno panista de Chihuahua.
El tercer caso no es un pollo, sino una verdadera barbacoa, que incluye a una decena de políticos sinaloenses, encabezados por el gobernador con licencia, Raúl Rocha Moya, a quienes el Departamento de Justicia estadounidense ha pedido su captura y extradición, acusados de estar ligados al cártel de Sinaloa.
La papa caliente pasó de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la Fiscalía General de la República, la cual podría patear el bote, incluso hasta después del Mundial, pero no más. Si la Fiscalía concluye que no hay delito que perseguir, nadie piense que Estados Unidos se quedará conforme; para el gobierno de Trump seguirán siendo prófugos, lo cual podría llevarlo a aumentar la presión diplomática y arancelaria, o bien a realizar acciones para que sean entregados o, de plano, como en un western, venir por ellos. Ya están en el rostizador y será muy difícil que salgan de ahí. En los tres casos hablamos de justicia, un poco, pero es más de política.
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.