Los recientes cambios en la Oficina de la Presidencia parecen administrativos, pero dicen mucho de cómo ejerce el poder la presidenta, Claudia Sheinbaum. La desaparición de la “Vocería” de la Coordinación General de Comunicación Social no elimina una función: formaliza lo que ya ocurría. La Presidenta es su propia vocera.
La historia ayuda a entenderlo. Vicente Fox fue un parteaguas. Martha Sahagún arrancó como coordinadora de Comunicación Social y vocera; después vinieron Francisco Ortiz y Rodolfo Elizondo, pero fue Rubén Aguilar quien terminó personificando aquella figura. Su trabajo consistía en informar, explicar, matizar y, a veces, traducir políticamente al Presidente. De ahí quedó para la historia aquella expresión: “lo que el Presidente quiso decir”.
Con Felipe Calderón, Max Cortázar y después Alejandra Sota desplazaron el centro de gravedad hacia la estrategia. Ya no bastaba un portavoz: había que construir mensaje, ordenar agenda y coordinar la comunicación de un gobierno marcado por la inseguridad.
Peña Nieto institucionalizó todavía más el modelo. David López encabezó Comunicación Social y Eduardo Sánchez asumió formalmente la Vocería del Gobierno de la República, hasta concentrar posteriormente ambas responsabilidades. Todavía era natural que alguien hablara en nombre del Presidente.
Andrés Manuel López Obrador rompió el molde. Jesús Ramírez Cuevas fue formalmente coordinador de Comunicación Social y vocero, pero todos sabíamos quién era el verdadero vocero: López Obrador. La mañanera transformó la comunicación presidencial. Ahí fijaba agenda, respondía críticas, anunciaba decisiones, polemizaba y construía narrativa. El Presidente dejó de necesitar un intérprete.
La presidenta Sheinbaum conservó la mañanera, pero con sello propio: más técnica, apoyada en datos y con mayor participación de los responsables de cada área. Ella fija la posición política; secretarios, subsecretarios o especialistas explican cuando el tema lo requiere.
¿Dónde queda entonces Comunicación Social? Ahí aparece Paulina Silva.
Su relación profesional con Sheinbaum viene desde el Gobierno de la Ciudad de México, continuó durante la campaña presidencial y llegó con ella a Palacio Nacional. Conoce a la Presidenta, su ritmo de trabajo, al equipo y también el ambiente de los medios.
Quienes conocen su operación saben que es estratégica, aguerrida y difícilmente deja pasar una. Si una nota requiere aclaración, la cacha. Si hay que levantar el teléfono, lo hace. Si corresponde responder mediante su equipo, se responde. Y cuando el asunto pertenece a Hacienda, Seguridad, Salud, Energía o cualquier otra dependencia, identifica quién debe dar la cara y procura que tenga información y argumentos.
Ahí está la diferencia. No busca ser vocera de todo. Busca que para cada tema exista el vocero adecuado. Es una concepción más moderna de la comunicación gubernamental. El poder comunicacional no necesariamente está frente al micrófono; también está en decidir qué se responde, cuándo, cómo y quién debe hacerlo. Y, sobre todo, en saber qué narrativas hay que responder antes de que se instalen.
Por eso quitar la palabra “Vocería” no debilita a Comunicación Social. Hace veinte años necesitábamos un vocero que nos explicara “lo que el Presidente quiso decir”. Hoy nadie tiene que explicar lo que Claudia Sheinbaum quiso decir. Ella lo dice todas las mañanas. La Presidenta es la vocera. Paulina Silva dirige la comunicación, y lo hace bastante bien.
ENTRE GITANOS
POR EL BIEN DE TODOS, PRIMERO LAS PERIFERIAS
La jefa de Gobierno, Clara Brugada está insistiendo en una idea que puede terminar definiendo políticamente su gobierno: invertir la lógica con la que históricamente se ha construido la Ciudad y comenzar por las periferias. No es sólo un asunto geográfico. Ahí se concentran muchas de las desigualdades acumuladas en movilidad, agua, drenaje, servicios y espacio público. Durante décadas, el desarrollo llegó primero al centro y después, si alcanzaba, a las orillas. Brugada propone hacerlo al revés. “Primero las periferias” pasó de ser consigna a convertirse en una forma distinta de gobernar la capital.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com