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Columnas
Recientemente se dio a conocer la noticia en varios medios la noticia de que, durante la concentración previa a la Copa América de la selección nacional, en San Diego, que duró diez días, los ratones millonarios hicieron de las suyas (de nuevo), cuando organizaron en su hotel reventones con sexoservidoras, karaoke y hasta música en vivo. Y aunque supuestamente no se iban a tolerar indisciplinas de ningún tipo (Ivar Sisniega y Juan Carlos Rodríguez dixit), no hubo petición, amenaza, súplica o consejo que valieran, ¡qué viva la fiesta y todo lo demás es todo lo demás! ¿Triunfar, competir, trascender, quién piensa en esas tonterías?
Recordemos que los ratones venían de sendas y apabullantes derrotas frente a Uruguay y Brasil, lo que debió generar en ellos y el cuerpo técnico, un riguroso análisis autocrítico para corregir los errores cometidos y no tener un nuevo fracaso en el torneo que estaba por iniciarse. Vaya tipo ingenuo que soy, pues estos mediocres están acostumbrados precisamente al fracaso y les vale un cacahuate perder, puesto que ganan muchísima lana, tanta, que hasta serían la envidia de un ministro de la Suprema Corta.
En fin, no me hagas caso en este agreste sermón, es puro coraje, pero no con ellos los ratones, sino con el aficionado que sigue creyéndose las patrañas que le cuentan los “analistas” de la tele, que pronto echarán a andar la maquinaria “lavacerebros” con el cuento del nuevo DT del “equipo de todos” (¡de ellos dirás!), quien, “¡ahora sí mira, por ésta!”, llevará al tricolor al quinto partido y más allá. Es un ciclo que se repite cada cuatro años y no ha fallado hasta ahora, aunque hay indicios de que se está agotando. Mis esperanzas están puestas en ello.
Creo que en el fondo los ratones millonarios se sabían impunes, porque entienden muy bien que nunca se han tomado medidas ejemplares, que sean realmente efectivas para evitar indisciplinas. La prueba es el reciente caso de Alexis Vega, jugador del Guadalajara que se la vivía en la fiesta con la consabida baja de juego y paupérrimo rendimiento en la cancha, hasta que fue descubierto en flagrancia en una de tantas noches locas; pidió disculpas a la afición chiva por su comportamiento y clamó a los cuatro vientos que estaba arrepentido y no lo volvería a hacer… hasta la próxima vez, cuando finalmente el DT de entonces, Veljko Paunovic, tomó medidas drásticas y lo marginó del equipo. Sin embargo, el técnico serbio, acostumbrado al trabajo con jugadores verdaderamente profesionales, como son la mayoría en Europa, no contaba con que se echaría a andar la maquinaria que protege los intereses comerciales. Como corolario Paunovic salió de Chivas más pronto que tarde y Alexis Vega se fue tranquilamente al Toluca (quien no te conozca que te compre) y no sólo eso, también regresó a la selección como si tal cosa para tener el honor de ser uno más de los fracasados de la Copa América 2024