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Columnas
Primero los reconocimientos
Este miércoles las las autoridades mexicanas informaron jubilosas, por medio de la presidenta Claudia Sheinbaum, el histórico decomiso en Sinaloa de Fentanilo, al momento de escribir estas líneas el secretario de seguridad pública, Omar García Harfuch, dijo en entrevista para un programa de radio que habrían sido poco más de 1,100 kilogramos, es decir algo más de una tonelada de pastillas de fentanilo; más temprano la mandataria del país señaló que serían alrededor de 20 millones de dosis con un valor aproximado de 400 millones de dólares.
Se trata de un golpe y decomiso histórico en la lucha contra el narcotráfico y específicamente contra esta plaga llamada Fentanilo, que el año pasado mató a más de 100,000 estadounidenses y que desató una serie de presiones contra México, país al que se acusó de ser productor y paso obligado de la droga hacia el mayor mercado de consumo del planeta, lo que las autoridades de entonces con su soberbia de siempre y su egolatría negaron rotundamente, y esto último no es dato menor.
También al momento de escribir estas líneas se supondría que no hay en el mundo un decomiso de Fentanilo como este, lo que hace más llamativa y, porqué no decirlo, más exitosa e histórica la acción de las autoridades mexicanas; se supone que la acción no fue fortuita, aunque algunas versiones señalan lo contrario y dan cuenta de apenas dos detenidos.
Pero, como diría el clásico "haiga sido como haiga sido", lo relevante del decomiso no se puede negar, es todo un éxito para el país, que también fue reconocido en Estados Unidos, felicidades y un reconocimiento sin ningún empacho a las autoridades mexicanas, así como se critica se reconoce.
¿No que no?
Sin embargo este decomiso histórico desnudó lo que tanto se negó especialmente los recientes seis años, en los que los abrazos para evitar que se manchara la investidura y se "atendían las causas", catapultó a los grupos del narcotráfico a niveles insospechados, ahora son dueños de una parte importante del territorio nacional por más que se niegue, y Sinaloa mismo es fiel reflejo de esto.
Más allá, muchas preguntas surgen tras el histórico decomiso, pero hay algunas muy concretas: ¿No que México no era productor de Fentanilo y que quienes lo acusaban eran los que estaban muy enojados porque habían perdido sus privilegios?, ¿No que México no era paso de esta droga hacia Estados Unidos y si lo era seguramente sería en pequeñas cantidades?.
Si decomisaron poco más de una tonelada, ¿cuánto más se pudo haber traficado y llegado a su destino final en los meses o años pasados?, ¿En dónde están los laboratorios de producción de Fentanilo en México?, porque aunque sigan gritando a los 4 vientos que el país no es productor ni patio trasero para los traficantes de esta mortífera droga, el histórico decomiso habla por sí mismo.
O ahora van a salir con que apenas iniciaba esta modalidad pero las avispadas autoridades mexicanas lo descubrieron y lo han evitado, el "cara dura" de antes seguro así lo hubiera dicho, sin problema alguno, esperemos que hoy no quieran engañarnos con la misma porque lo malo no es tanto que se les crea,para eso sirven sus programas sociales clientelares, para mantener un voto cautivo y una base que todo les cree a pie juntillas, el problema es que las mentiras salen a flote tarde o temprano y las consecuencias las pagamos todos, incluyendo a esos que solamente estiran la mano y no cuestionan nada porque de por medio está la dádiva que les llega.
El histórico decomiso desnudó lo que todos sabíamos desde hace mucho tiempo y si no lo sabíamos nos lo imaginábamos, México es un país productor de esta droga que hoy por hoy es el mayor riesgo para la salud pública no solamente de Estados Unidos, sino del mundo entero, y también nuestro territorio es utilizado para el tráfico de Fentanilo.
Qué dura es la realidad; por años desde su púlpito mañanero el "encantador de multitudes" se desgañitaba compartiendo su país ideal, uno en el que el pueblo bueno y sabio, la inmensa mayoría según él, eran gente trabajadora, de bien, y que las fuerzas malignas que acusaban otras cosas nunca iban a poder probar nada porque estaban muy enojados por la pérdida de sus privilegios.
Hoy vemos que las abejas que salieron del avispero porque a este lo patearon de manera irresponsable, pero que después por un largo sexenio fueron colmadas de abrazos, también se aprovecharon para instalar sus fábricas de Fentanilo en el país, tan criminal uno como el otro.
Ahora sabemos por qué desde Estados Unidos se ha intensificado la presión contra México como país productor (sí, aunque sigan negándolo, el decomiso del miércoles los desmiente); ¿cómo verán la intensidad de los nubarrones trumpianos que se acercan que ya se pusieron a trabajar en este asunto?
Un decomiso histórico que no se puede negar, exitoso por todos lados, desnudó al mismo tiempo la bajeza y vileza del poder, tan capaz de poner en riesgo la vida de miles o millones de personas, con tal de buscar trascender, este decomiso por sí mismo pone en su lugar la verdadera trascendencia que tienen quienes se atrevieron a tanto, entre otras cosas, a abrazar a los criminales.