Primero los reconocimientos, no hay por qué escatimarlos.
La caída del mayor líder criminal de México, este domingo en un operativo todavía poco claro, es sin duda una gran noticia para México, y una victoria para el gobierno en funciones, al menos en un inicio.
Se dirá que es producto de las intensas presiones a las que el gobierno mexicano ha sido sometido en la segunda parte de la era Trump, por su contratarte estadounidense, y mucho habrá de razón.
Se dirá que fue con investigación e inteligencia de las agencias de Estados Unidos, y desde luego que nunca lo sabremos pero un operativo de esa magnitud y contra quien fue realizado no pudo llevarse a cabo sin ese tipo de cooperación, hoy más evidente que nunca.
Siempre que cae un criminal del tamaño y la notoriedad del que cayó, no queda más que congraciarse y apostar por un México más seguro, aunque esto último solo sea un deseo.
Y es que hablando de temas de cooperación y seguridad, ahora tenemos que pasar obligadamente al siguiente tema, que trae consigo una pregunta inevitable.
¿Cuánto sufrimiento se hubieran ahorrado México sin los estúpidos abrazos de quien hoy descansa en su finca imperial custodiado por huestes del ejército mexicano?
¿Cuántos mexicanos pudieron no morir sin esos estúpidos abrazos y en lugar de eso quw hubieran asumido su responsabilidad?, esa a la que juraron, y que según la nación se los iba a demandar.
¿Cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado México?, si en lugar de estúpidos abrazos hubieran hecho lo que debieron hacer desde siempre, actuar con la ley en una mano y el fusil en la otra.
La verdad es que nunca lo sabremos. Pero no hace falta ser genio para deber que muchos mexicanos pudieron no morir sin esos estúpidos abrazos.
Ha quedado demostrado que la cooperación entre gobiernos y la aplicación de la ley, incluyendo la fuerza letal del estado cuando es necesario, tienen beneficios, y le evitan a México la muerte de muchos de sus hijos. Enhorabuena.