Por Pablo Chávez, Notimex
En México debe invertirse entre 5 y 8 por ciento del producto interno bruto (PIB) en materia de infraestructura, con ello se ayudaría a las micro, pequeñas y medianas empresas de la construcción (mipymes) y no solo a las grandes, aseguró Eduardo Ramírez Leal, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).
El líder gremial mencionó que en este año el Gobierno federal solo ha invertido 2.6 por ciento del presupuesto asignado para infraestructura, mientras que en los últimos años éste fue de 6 por ciento del PIB.
Expresó que este año el Gobierno federal tiene destinado invertir 600 mil millones de pesos para proyectos de infraestructura.
Lo ideal sería que esta inversión fuera del orden del 1.2 billones de pesos, con eso se estaría destinando el mínimo de 5 por ciento que recomienda la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) para el desarrollo de infraestructura, señaló el líder empresarial en entrevista.
Sin embargo, dijo, en los tres primeros meses del año el sector público ha realizado muy poca inversión, “solo llevaban invertido 7 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2020, o sea poca inversión y ésta ha sido lenta”.
Además lamentó que la inversión privada no tenga toda la certeza, sobre todo cuando hay algunos señalamientos por parte del gobierno federal en contra de este tipo de inversiones, como en el tema de parques de energías limpias.
“Todo esto está generando un ambiente complicado; nosotros hemos insistido en que el gobierno tiene que propiciar más la participación privada. A finales de noviembre del año pasado se hizo el anuncio de que entraban las inversiones privadas a través de concesiones”.
Muchas de estas concesiones ya estaban, refirió, como las de los grupos aeroportuarios y los puertos, y además se anunciaron 147 proyectos, pero al iniciar el año éstos arrancaron muy lento.
Recordó que en 2019 hubo subejercicio superior al 50 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación. En la materia no se puede estar sujeto a la inercia de cada seis años, a que se reinvente el país en materia de infraestructura, que en campañas políticas se acuerden proyectos sobre obras que “no necesariamente coinciden con hacer al país más competitivo, más productivo, ni con la infraestructura más estratégica”.
“Todo tipo de infraestructura necesita mantenimiento, conservación, ampliación; imaginen que de todo esto se tenga una planeación de 20 años o de tres o cuatro periodos sexenales de gobierno” y con ello ser más competitivos.