Hasta un millón de especies de plantas y animales podrían extinguirse hacia el año 2100 como parte de los efectos asociados al aumento de la temperatura del planeta, advirtió la bióloga Julia Carabias Lillo, profesora de la UNAM e integrante de El Colegio Nacional.
La dimensión del problema ya puede observarse en diferentes grupos de seres vivos. De acuerdo con los datos expuestos por Carabias, 41% de los anfibios, 26% de los mamíferos y 34% de las plantas coníferas están actualmente en peligro de extinción.
Durante el seminario Emergencia Climática. Análisis de las Opiniones Consultivas de Cortes Internacionales, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, la especialista explicó que el deterioro ambiental no se limita al calentamiento global.
Carabias señaló que ya se han rebasado distintos umbrales planetarios, concepto utilizado para definir los márgenes dentro de los cuales el planeta puede mantener condiciones de estabilidad y habitabilidad frente a las presiones generadas por las actividades humanas.
Entre los límites que mencionó están la integridad de la biósfera, el calentamiento global, las modificaciones en el uso de la tierra, la acidificación de los océanos, los cambios en el agua dulce y los flujos biogeoquímicos.
¿Qué significa esto en términos prácticos? Los efectos pueden ir desde la pérdida de especies hasta cambios en los lugares donde pueden sobrevivir plantas y animales. Carabias indicó que algunas plantas están desplazándose hasta 10 kilómetros por año ante las modificaciones de las condiciones ambientales.
La especialista también señaló que, con un incremento de temperatura de 1.5 grados Celsius, 90% de las especies endémicas del planeta experimentarían una reducción y 95% de las especies marinas estarían en riesgo.
Frente a este escenario, Carabias planteó objetivos que implican cambios tanto en actividades productivas como en los hábitos de consumo: alcanzar cero deforestación y sobreexplotación de especies, llegar a emisiones netas cero de gases de efecto invernadero, reducir residuos y contaminación, además de recuperar ecosistemas.
En materia de alimentación, propuso impulsar prácticas agrícolas sustentables, preservar la diversidad genética, reducir el consumo de carne y productos lácteos, mejorar la ordenación pesquera y disminuir el desperdicio de alimentos y agua.
Otro frente es la energía. Carabias consideró necesaria una transición rápida hacia fuentes limpias y sistemas productivos con menores emisiones de carbono y señaló que las inversiones destinadas a esa transformación tendrían que sextuplicarse hacia 2050.
También planteó extender la economía circular para reducir la extracción de nuevos recursos mediante el reúso, reparación, restauración y reciclaje de productos.
Las ciudades forman parte de la estrategia. Entre las medidas mencionó disminuir congestionamientos y necesidades de traslado, aumentar las áreas verdes, recuperar espacios públicos, fortalecer mercados locales y generar empleos vinculados con economías locales.
Carabias sostuvo que las soluciones ambientales deben atender simultáneamente las condiciones naturales, sociales y económicas de cada región, con metas, financiamiento y plazos definidos. La degradación ambiental, agregó, también amenaza el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.