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Una epidemia: origen de la Pasión de Cristo en Iztapalapa

Una epidemia: origen de la Pasión de Cristo en Iztapalapa

Nación lunes 16 de marzo de 2020 - 00:00

Luis Carlos Rodríguez
nacion@contrareplica.mx

Hace 187 años una epidemia afectó a la Ciudad de México, en específico al entonces pueblo de Iztapalapa. No era el actual Covid-19 sino el Cólera (cholerae morbus) que mató a 14 mil personas en la capital. De esa tragedia y el fervor religioso de los sobrevivientes nació la celebración de la Pasión de Cristo.
La escenificación del víacrusis, en Iztapalapa, que congrega 2 millones de personas cada año, inició formalmente 10 años después de dicha epidemia y la cual no tuvo su origen como el actual coronavirus en China, ni fue importado de Italia.
Su origen fue el contaminado Río Ganges en India, para expandirse por Rusia, diversos países de Europa y más tarde llegar a América a través de productos infectados que llevaban mercancías del viejo continente a Quebec, Canadá. Llegó a México por los puertos de Tampico, Campeche y Veracruz.
El cólera, una enfermedad endémica de la India, afecta a humanos y es causada por un bacilo denominado vibrio cholerae. Es altamente contagiosa.
De acuerdo con cronistas locales y el Comité Organizador de Semana Santa, en agosto de 1833 la gente de Iztapalapa empezó a enfermarse con síntomas como diarrea, vómito, deshidratación y dolores de cabeza. Los primeros empezaron a morir sin conocer el origen. La epidemia abarcó también a Veracruz y Guanajuato.
El panteón de Iztapalapa se quedó pronto sin espacios ante el número de muertos, se tuvo que abrir otro en el barrio de San Miguel. Para septiembre, la epidemia había mermado a la sociedad. “Tan es así que quien sepultaba a un familiar por la mañana, en la tarde estaba siendo velado”.
Fue tanta la virulencia que se presentaban cuadros patéticos. Los libros de la iglesia local donde se registraban los decesos se quedaron sin páginas.
Como en el caso actual del coronavirus, en la epidemia del cólera de Iztapalapa, las principales víctimas eran los adultos. De acuerdo con las crónicas de la época, provocó que niños huérfanos caminaran por las calles del pueblo llorando la ausencia de sus padres. Familias enteras desaparecieron.
Los pueblos prehispánicos de Axomulco y Atlatilco imploraron al Señor de la Cuevita tuviera piedad de ellos y terminara con tanta mortandad. Llevaron a niños y adolescentes al frente de la procesión.
“Los sobrevivientes prometieron al Señor de la Cuevita la celebración de una misa en desagravio de sus culpas y se comprometieron que en lo sucesivo harían lo mismo año tras año, trasmitiendo a sus descendientes la tradicional ceremonia que en lo sucesivo fue conocida como la “misa de los solteros”.
Los pobladores realizaron una misa y solo murieron cinco; el segundo día tres, y el tercero ninguna persona”. Además del milagro de haber parado la epidemia, en San Lorenzo, uno de los pueblos de Iztapalapa, “el Cristo de la Cuevita los favoreció con un agua milagrosa, pues del pie de un ahuehuete brotó un manantial y con el agua que de ahí emanó curaron a los enfermos”.
Con el paso del tiempo, la tradición se amplió hasta la Semana Santa, realizando la escenificación con imágenes de bulto pertenecientes a la Parroquia de San Lucas. La representación de la Pasión de Cristo, únicamente se realizaba en ese entonces el Viernes Santo.
Con ello, desde 1843 en el Cerro de la Estrella se conmemora la Pasión de Cristo. Desde hace 177 años los habitantes de este pueblo, hoy alcaldía de Iztapalapa, realizan la representación del Vía Crucis, donde participan 650 actores y en donde asisten cada año alrededor de 2 millones de visitantes nacionales y extranjeros.
Por primera vez en casi 200 años se podría realizarse sin la asistencia de público por la pandemia del coronavirus.

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/CR

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