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@onelortiz
https://youtu.be/VLk5k6-UCa4?si=6EaYjByxaGrZC8mZ
En México, una joven influencer fue asesinada mientras transmitía en vivo a través de TikTok. El hecho, de una crudeza innegable, dio la vuelta al mundo. Fue noticia en portales de Turquía, Rusia y China. Y sin embargo, en medio del revuelo mediático, lo esencial volvió a perderse: la justicia.
No mencionaremos su nombre. No por omisión ni indiferencia, sino por respeto. Porque más allá del fenómeno viral, de los clics y del morbo, está el drama de fondo: una mujer asesinada en un país donde, según datos oficiales, durante 2024 se registraron 797 feminicidios, lo que equivale a entre 9 y 10 mujeres asesinadas cada día. Y en la mayoría de los casos, no hay cámaras ni transmisiones que lo documenten.
Lo verdaderamente alarmante es cómo el caso se transformó en espectáculo. Se debatió si era una influencer "real", si el contenido era superficial, si tenía muchos seguidores o si el video debía seguir circulando. Se discutió todo, menos lo urgente: la impunidad, la falta de investigaciones, la negligencia institucional. La conversación pública se deslizó, otra vez, hacia el entretenimiento disfrazado de indignación.
Por supuesto que ella y su familia merecen justicia. Ojalá la presión internacional ayude a que las autoridades de Jalisco hagan su trabajo, detengan al asesino y lleven a juicio a todos los implicados. Pero igual de urgente es recordar que ese mismo día, en alguna sierra de Guerrero, en una calle de Ecatepec o en un paraje de Chihuahua, probablemente hubo otras mujeres asesinadas. Sin cámaras. Sin viralidad. Sin TikTok. Sin justicia.
La espectacularización del crimen no puede sustituir la obligación del Estado. Y tampoco debemos caer en la trampa de creer que la visibilidad mediática resuelve las cosas. En todo caso, revela lo que ya sabíamos: vivimos en un país donde la muerte de una mujer solo importa si puede reproducirse en pantalla. Y eso es un fracaso colectivo.
El feminicidio no es una excepción. Es una constante. Es un sistema. No hay día sin víctimas, y aún así no hay una política pública que articule prevención, atención, reparación y castigo. Las fiscalías siguen sin protocolos eficaces, los gobiernos sin prioridad en la materia y la sociedad, muchas veces, sin memoria.
Este caso no debe olvidarse. Pero tampoco debe eclipsar el resto. Lo verdaderamente revolucionario no es que un asesinato se vuelva viral, sino que ninguno quede impune. Mientras tanto, el país sigue contando muertas. Y a veces, ni eso. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.