El Plan General de Desarrollo y el Programa General de Ordenamiento Territorial no son documentos menores. Son instrumentos que determinarán cómo crecerá la ciudad, dónde se construirá, cómo se moverán las personas, dónde habrá servicios y cómo se distribuirán las oportunidades durante los próximos 20 años.
Por eso, la ley establece que estos instrumentos deben construirse con participación ciudadana auténtica, informada y transparente.
Sin embargo, lo que hemos visto en el actual proceso de consulta del Plan General de Desarrollo dista mucho de ese ideal.
Hoy tenemos un proceso opaco, con inconsistencias en las cifras, baja participación real y mecanismos que no garantizan que la ciudadanía esté verdaderamente informada sobre lo que está opinando.
Se nos ha dicho que existen cientos de miles de propuestas ciudadanas, pero cuando revisamos el origen de esas cifras, encontramos problemas serios.
Por ejemplo:
Se afirma que más de 120 mil opiniones provienen de encuestas aplicadas a niñas y niños de primaria.
El proyecto del Plan General de Desarrollo tiene más de 500 páginas, con conceptos técnicos complejos sobre ordenamiento territorial, redensificación urbana, centralidades y polígonos de actuación.
Pregunto con todo respeto:
¿De verdad creemos que niñas y niños de primaria pueden opinar sobre estos conceptos sin que exista un método pedagógico que les permita comprenderlos?
Porque la propia Ley de Participación Ciudadana de la Ciudad de México establece claramente que, cuando participen menores de edad, deben utilizarse métodos pedagógicos para explicar el contenido de los temas consultados.
Y esos métodos no han sido establecidos ni documentados y tampoco son transparentados porque simplemente no existen.
También se reportan decenas de miles de opiniones provenientes de encuestas domiciliarias, en una ciudad donde existen alrededor de tres millones de viviendas.
¿Cómo son estas encuestas? ¿Tocan la puerta y al primero que salga le preguntan qué opina de las 505 páginas del Plan General de Desarrollo? ¿Cómo saben si ya lo leyó si ni en sus propias consultas llevan el documento?
Lo que pasa es muy sencillo: se pretende validar decisiones fundamentales para el futuro de la ciudad con muestras que no son representativas y que, en muchos casos, provienen de personas que ni siquiera conocen el contenido del documento que se consulta.
Porque cuando la participación se convierte en un ejercicio para inflar cifras o maquillar procesos, lo único que se debilita es la confianza pública.
Por eso propongo modificar el artículo 47 de la Ley del Sistema de Planeación del Desarrollo de la CDMX, para establecer con claridad que los procesos de consulta de los instrumentos de planeación estén dirigidos a personas mayores de 18 años que ejercen plenamente sus derechos políticos, como ocurre en otros mecanismos de participación democrática.
Esto no significa excluir a las juventudes o a las infancias, sus opiniones pueden y deben seguir escuchándose mediante mecanismos adecuados.
Debemos garantizar que las consultas se realicen con rigor técnico, y deliberación pública.
Porque la planeación del desarrollo de esta ciudad no puede construirse con simulaciones, debe construirse con ciudadanía informada, con participación real y con reglas claras.
Lo que hoy está en juego no es un debate político coyuntural, lo que está en juego es la credibilidad de los procesos de participación ciudadana en la Cdmx y también está en juego la calidad de los instrumentos que definirán el futuro de nuestra capital.