Por Claudia Bolaños
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La colonia Cumbres de Llano, en el guerrerense Acapulco, cercano a Las Brisas, es ejemplo de la organización vecinal para ayudar a sus habitantes más necesitados —la mayoría trabajadores de playas que fueron cerradas, y personas de la tercera edad— para preparar y repartirles alimentos; lo que ahora otras comunidades buscan replicar.
Al conocer la mala situación económica de varios habitantes de esa zona, un grupo de vecinos decidió hacer una reunión, en la escuela comunitaria, para acordar cómo ayudar a quienes habían quedado desempleados: albañiles, pintores y muchos vendedores de las playas acapulqueñas, así como empleados de hoteles que simplemente les dieron las gracias y los enviaron a sus casas.
Eneyda Gil narra que entre todos —unos 6 mil habitantes— decidieron hacer donativos para abrir un comedor comunitario, en el que se reparte comida para llevar entre los vecinos que no tienen ingresos para pasar esta temporada de confinamiento social.
Unos donan dinero y otros productos como frijoles, sal, arroz, azúcar. Alguien llevó un tanque de gas estacionario lleno, y otros dos un cilindro cada uno. Algunas dieron trastes y las cocineras son las mismas esposas de quienes se quedaron sin trabajo, o ellas mismas ahora desempleadas.
Erntre todas se van rolando para hacer posible que una sopa o arroz, un guisado y frijoles cada día lleguen a la mesa de unas 220 personas diarias. En tan solo una semana se han repartido mil 500 platillos y como cierre del mismo se preparó un platillo típico guerrerense: pozole.
La organización es tal que algunos van a hacer la limpieza, y otros dos vecinos, un hombre con cuatrimoto y una mujer con su motoneta, se propusieron para llevar la comida hasta la casa de las personas de la tercera edad que viven solas.
Así fue que con la ayuda de la Delegación —comisariado— integrado por representantes vecinales, la señora Marlen Canteras prestó su casa para preparar los alimentos que tarde a tarde se entregan a las familias que van con sus trastes a recibir sus alimentos.
Eneyda resalta la sana distancia que siempre tienen presente, los guantes, cofias y cubrebocas, entre las cocineras. “Unos vecinos vinieron a pintar unos círculos verdes, de un metro y medio de distancia cada uno, en el piso, para que las personas que vienen por su comida no corran el riesgo de tener contacto físico con otras.
En hora y media la comida “vuela” evitando cualquier posible contagio de Covid.
Caso contrario es el que se ha observado en la entrega de despensas del DIF, en donde se han observado imágenes de personas arremolinándose o discutiendo por obtener una.
Esta organización es posible debido a que esta comunidad se conoce muy bien, siempre han sido unidos y saben que no permitirían que alguien que no necesita la comida fuera por ella.
Esta labor ha sido reconocida por otras comunidades vecinas, que han ido a ver la organización, con el objetivo de poder replicarla e incluso han hecho donativos.
Lo mismo ha sucedido con familiares de los beneficiados, que también han enviado dinero o comida, incluso las mismas personas que reciben este servicio cooperan con lo poco que pueden.
El caso de la colonia Cumbres de Llano también ha atraído a políticos, que se han sumado a las donaciones, que aunque las aceptan, no se les permite sacar “raja política”, tomándose fotos o abanderando el comedor comunitario, que es un logro completamente vecinal.