La violencia es el principal enemigo de la democracia. En México el fraude pareciera haber dejado de existir sólo porque ganan a los que siempre se los cometieron.
La violencia en las jornadas electorales se convierte en una amenaza constante en México, la frustración de una derecha que ha mostrado más apego al golpismo que a la democracia, a la violencia verbal y física que al debate de ideas, no puede resignarse a perder tanto en las urnas que siempre ha despreciado. Las elecciones no son lo suficientemente cotizadas por la derecha cuando han perdido en ellas sus intereses que consideran más valiosos que los votos.
La violencia en los recintos parlamentarios del país, con una derecha que extravió el argumento para usar el insulto como muestra de su ideario, es una prueba de que todavía caminamos hacia la democracia. Aunque se crea que el fraude quedó atrás, todavía persisten errores de un pasado, que por intentar olvidarlo no advertimos que sigue vivo.
La violencia política, originada desde una oposición a todas luces antidemocrática, se hace evidente en la exaltación paroxística de su discurso en el Congreso, que advierte amago. Esto debe advertirlo el árbitro electoral que está herido de muerte.
Los defensores de la democracia escondieron de la población dos fideicomisos con sus “ahorros”, para tener siempre mobiliario nuevo y dar liquidaciones millonarias a sus incondicionales. La Segob tuvo que hacer público ese guardadito que no habían manifestado.
El monto de los fideicomisos es de 1,353.09 millones de pesos. Así, los consejeros electorales quieren desviar la atención sobre su delito diciendo que si se utiliza esa cantidad de todas maneras no alcanza para la consulta de revocación de mandato, sobre todo tomando en cuenta que el presupuesto al instituto fue recortado en 4,900 millones de pesos.
Si los defensores de primera línea de la democracia esconden institucionalmente más de mil 33 millones de pesos de la población, podríamos imaginarnos lo que harán a título personal, en cuanto a ahorros y desvíos de fondos. Resulta ingenuo que los fideicomisos hayan sido una reserva secreta para mobiliario y liquidaciones de personal. Un guardadito de esa magnitud perteneciente al árbitro electoral anuncia no sólo violencia sino complicidad en cualquier intento de asalto al poder.
Las elecciones competitivas dejaron de ser violentas, porque es en la diferencia ene le número de votos donde se utiliza la agresión, para desviar la atención de robos de urnas, o la toma violenta del poder. Hubo en las elecciones de este año suficientes víctimas como para pensar que el árbitro electoral fue cómplice por lo menos por omisión y un silencio inexplicable al respecto ofrece la anuencia de alejar a la gente de las urnas. Se intenta utilizar el miedo como una herramienta contra la mayoría electoral.