La Ciudad de México ha sido, por décadas, un escenario complejo, con retos constantes en materia de seguridad, justicia, movilidad, desarrollo urbano y derechos sociales. A lo largo de su historia contemporánea, sus gobiernos han enfrentado una tarea doble: garantizar el orden en una de las urbes más densamente pobladas del mundo y, al mismo tiempo, consolidar los avances democráticos que caracterizan a nuestra capital como una ciudad progresista.
En este contexto, el reciente registro de la semana con menor índice de violencias desde el año 2009 es un dato que no debe pasar desapercibido. Bajo el liderazgo de la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, la capital del país ha comenzado a vivir un nuevo momento. Uno que promete continuidad, pero también innovación, firmeza y sensibilidad social.
No se trata únicamente de una cifra. Hablar de la semana con menos violencia en más de quince años implica reconocer que las políticas públicas implementadas en coordinación con las alcaldías, la Secretaría de Seguridad Ciudadana y el gobierno federal están comenzando a dar frutos tangibles. Significa también que hay una nueva forma de gobernar, centrada en el territorio, en la prevención y en el trabajo directo con las comunidades.
Desde que Clara Brugada asumió la jefatura de Gobierno, su visión ha sido clara: construir una ciudad más igualitaria, más segura y más humana. La experiencia acumulada como alcaldesa de Iztapalapa no sólo le dio legitimidad ante las y los ciudadanos, sino también herramientas concretas para intervenir en las causas estructurales de la violencia. Su modelo de "Utopías" centros integrales comunitarios con enfoque cultural, deportivo, educativo y de salud es hoy referencia nacional e internacional en materia de prevención del delito.
El logro de esta semana histórica debe leerse también como resultado de una estrategia integral. No fue la casualidad ni el azar. Detrás de este avance están las acciones de inteligencia policial, el reforzamiento del patrullaje en zonas con altos índices delictivos, el fortalecimiento de redes ciudadanas y la ampliación de políticas sociales que reducen la desigualdad, uno de los principales detonantes de la violencia urbana.
Pero no todo es celebración. Este hecho debe tomarse como un llamado a continuar con paso firme. La seguridad no es un destino alcanzado, sino un proceso permanente. Aún existen colonias y sectores donde el miedo persiste, donde las mujeres siguen enfrentando violencia en el espacio público y donde jóvenes continúan siendo cooptados por dinámicas de exclusión. Por eso, el desafío de gobernar con perspectiva social, de género y territorial sigue más vigente que nunca.
También hay que destacar el papel de la ciudadanía. Ningún avance en materia de seguridad es posible sin la participación de las y los habitantes de la capital. La denuncia, la organización vecinal, la vigilancia comunitaria, la exigencia constante y la apropiación de los espacios públicos son elementos clave que han acompañado esta nueva etapa.
El compromiso de Clara Brugada de continuar profundizando las transformaciones de la Cuarta Transformación en la capital del país es firme. En apenas unas semanas, su gobierno ha comenzado a marcar una diferencia palpable: se ha escuchado a los barrios, se han reforzado las estrategias de seguridad con enfoque social y se ha priorizado el bienestar por encima de los intereses corporativos o partidistas.
La Ciudad de México camina, una vez más, hacia adelante. Y lo hace con una mujer al frente que ha demostrado que gobernar con convicción, cercanía y resultados es posible. Este descenso histórico en los índices de violencia es una muestra de que la ruta es la correcta. Que cuando se gobierna para el pueblo, desde el territorio y con las mujeres al centro de la estrategia, se puede lograr lo impensable.
Que esta semana histórica no sea una excepción, sino el inicio de un nuevo capítulo para la capital del país. Uno donde la paz, la justicia social y la igualdad sean no sólo aspiraciones, sino realidades cotidianas para todas y todos.
María Rosete