Los agentes políticos que se requieren para un golpe de Estado suave, están en apuros económicos y, en más de un caso, con sus fidecomisos a punto de perderse. Los excesos de dinero que se guardaron en el INE, bajo la estricta supervisión de Lorenzo Córdova, también extraídos del subejercicio, y que debieron regresar a la Tesorería ya no son parte de su fortuna.
El Poder Judicial tiene sus fideicomisos, que dice son producto de ahorros de los trabajadores y en esa falsa creencia, los obliga a cerrar calles para defender sus fantasiosos derechos. Además, los dineros que recibían los medios convencionales, que desde su nacimiento vivieron del presupuesto gubernamental y los empresarios asociados a las instancias mencionadas, no sólo se unen para defender fideicomisos que tienen un claro origen y un indefinido destino, da a qué pensar porque un golpe de Estado cuesta dinero.
Sólo hace falta que Luis Almagro salga en defensa de los fideicomisos para comprobar que ese dinero tenía un claro destino: rescatar sus privilegios de las manos del gobierno al que quieren descarrilar desde el inicio del sexenio.
La desesperación por defender los fideicomisos, la irritación desproporcionada por algo que es tan sencillo de entender, su pasión por el absurdo a la hora de argumentar su defensa, nos hacen pensar en otro destino, que un ahorro que sólo fue utilizado por una decena de personas, para despistar su propósito, es una ficción.
Un golpe de Estado lo encabezan la autoridad electoral, los medios, el Poder judicial y los empresarios, lo único que falta para asestarlo es la fecha de la intentona.
En la historia de México nunca un empresario se había erigido como líder político, como es el caso de Claudio X. González, quien, sin ser un erudito, se autodenominó como la bisagra no sólo entre partidos sino entre éstos y algunos empresarios radicales y los medios, inconforme más por no pagar impuestos que por supuestas trabajas para su productividad.
Los dueños de la derecha no soportan más tiempo sin los privilegios que formaban parte de pronósticos a futuro de sus empresas, de sus inversiones y hasta de sus gastos familiares, deben presionar para que el golpe de Estado se perpetre de inmediato, mientras que sus operados saben que no es el momento, por mucha que sea la necesidad, la popularidad el Presidente es un dique de contención para este tipo de aventuras.
Si a esto sumamos que la caja chica para realizar el golpe de Estado es cancelada, como es el caso de los fideicomisos del Poder Judicial, encontramos que, por el momento, el golpe de Estado debe esperar, incluso para el próximo sexenio.
De ahí la necesidad de tener mayoría absoluta en ambas cámaras, como un muro contra la intentona antidemocrática de la derecha.