Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM
La controversia en torno al presidente Andrés Manuel López Obrador y su familia –más allá de conflicto de intereses originado por el hecho de que uno de sus hijos, José Ramón López Beltrán quien vivió en la residencia de un alto ejecutivo de Baker Hughes, en Houston, con millonarios contratos con Pemex, y también en México, en una casa que es propiedad de la asistente de la directora de La Jornada, el periódico que ha recibido más de 750 millones de pesos de publicidad–, se recrudece con la más reciente revelación de que Andrés Andy López Beltrán, su otro hijo, funge como interlocutor y operador para favorecer con contratos federales irregulares a varios de sus amigos.
Esto pone de manifiesto las tensiones y desafíos que enfrentan las sociedades democráticas cuando la ética y la transparencia en el gobierno están en juego. En este caso, las denuncias de nepotismo y corrupción de sus hijos, han generado un amplio debate sobre la responsabilidad y la integridad en el ejercicio del poder político.
Al iniciar su mandato, el presidente prometió no tolerar conductas delictivas entre su familia, parientes cercanos y lejanos y sus amigos, una promesa que ahora parece estar en entredicho. Y al paso de un sexenio que está a pocos meses de concluir, en lugar de abordar estas preocupaciones de manera transparente y objetiva, López Obrador ha optado por continuar atacando a los medios de comunicación y a los periodistas profesionales –no a los aplaudidores-comparsas–, que han sacado a la luz estas situaciones irregulares, tildándolos de prensa “injusta, mentirosa y calumniadora”.
Esta actitud defensiva y el intento de desacreditar a estos medios, solo sirve para socavar la confianza en el gobierno y las instituciones democráticas. El mandatario –para predicar con el ejemplo¬–, debería reconocer la importancia de una prensa libre y crítica como elemento fundamental en una sociedad democrática, en lugar de atacarla por cumplir con su deber de informar al público y mantener a los funcionarios del gobierno y a sus familiares, responsables de sus propias acciones.
Igualmente, debiera entender que las acusaciones de nepotismo y corrupción también plantean preocupaciones más amplias sobre la importancia de la ética en la política. Parece desconocer que un gobierno que predica la transparencia y la lucha contra la corrupción debe ser coherente en su actuar y demostrar un compromiso genuino con estos principios, incluso cuando afecten a sus propios familiares o allegados. De lo contrario, corre el riesgo de erosionar su propia legitimidad y de ser percibido como hipócrita y autoritario.
Aunque tardíamente –y ojalá lo hiciera finalmente–, López Obrador debiera reconocer el esencial papel de la prensa libre en una democracia para garantizar el acceso a la información y promover la transparencia y la rendición de cuentas. Alguno de sus asesores o consejeros de confianza, debiera hacerlo entrar en razón y hacerlo comprender que la defensa de la transparencia, la rendición de cuentas y la ética en la política es responsabilidad de todos y es fundamental para garantizar la salud y la estabilidad de las democracias en todo el mundo; no es una cuestión personal.
Si él o su familia cercana o lejana y sus dilectos amigos no tienen nada que ocultar, entonces nada debiera temer. Los líderes políticos –incluido obviamente el presidente López Obrador–, deben entender que la rendición de cuentas y la vigilancia del ejercicio del poder no son amenazas a su autoridad, sino garantías fundamentales para salvaguardar la democracia y el estado de derecho. En lugar de considerar la crítica y el escrutinio como ataques personales, los auténticos líderes adoptan una postura abierta y colaborativa, dispuestos a abordar las preocupaciones legítimas de los ciudadanos y los medios de comunicación.
Es importante que los ciudadanos estén alerta a los intentos de manipulación y polarización que puedan surgir en situaciones como ésta, pues nunca ha estado en duda que la diseminación de información falsa y el ataque a la credibilidad de los medios de comunicación pueden ser tácticas empleadas por líderes autoritarios para desviar la atención de sus propias acciones y debilitar las voces disidentes. En este contexto, el acceso a información veraz y fiable es esencial para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas.
Los periodistas profesionales deben ser capaces de cuestionar y analizar las decisiones y políticas gubernamentales, sin temor a represalias o intimidación, porque desempeñan un papel crucial en la promoción de la transparencia y la responsabilidad de los líderes políticos; y más que exponerlos al escarnio público o anatemizarlos y condenarlos –como ya se ha vuelto costumbre en esta administración–, deben ser protegidos y apoyados en su labor, porque en última instancia, una sociedad informada y comprometida, es esencial para garantizar el progreso y la prosperidad de todos sus miembros.
Un líder que no tolera la crítica, puede generar división y polarización en la sociedad, ya que no permite el debate y el análisis de las ideas en un espacio democrático. La incapacidad de aceptar opiniones divergentes puede llevar a un estancamiento en el proceso de toma de decisiones y a la implementación de políticas públicas inadecuadas o incluso perjudiciales. Por ello, la reciente controversia en torno al presidente y sus hijos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la ética, la transparencia y la rendición de cuentas en la política, así como sobre el papel crucial que desempeñan los ciudadanos y la prensa en la defensa de la democracia.
En verdad, señor presidente López Obrador: comprenda que las acciones de la prensa y sus periodistas, así como sus observaciones y análisis –e incluso sus críticas y denuncias–, no son un ataque personal. De hecho, debiera estar agradecido, porque se trata de cuestiones de Estado, de llevar a cabo una buena administración y de la adecuada rendición de cuentas en instituciones de naturaleza pú-bli-ca."
Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM