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Columnas
La Agenda Nacional de Riesgos es una herramienta de seguridad nacional elaborada por el Estado mexicano que contiene el análisis de amenazas y vulnerabilidades estratégicas así como de la probabilidad de que esos riesgos se materialicen y sirve para orientar la toma de decisiones en materia de prevención y respuesta.
En el ámbito de la seguridad nacional, articula los esfuerzos de las dependencias para mitigar riesgos, fortalecer capacidades institucionales y garantizar la estabilidad del país.
Históricamente, la Agenda ha reconocido como riesgos recurrentes a la seguridad nacional al crimen organizado, los desastres naturales y las amenazas cibernéticas, pero nunca ha tenido en el centro de su análisis la política exterior, ya que los logros y fracasos de la misma no habían comprometido la supervivencia del Estado mexicano ni su orden constitucional.
Hoy, eso ha cambiado en los hechos y debe reflejarse en la Agenda de Riesgos. La llegada de Donald Trump al poder plantea escenarios inéditos, como una posible intervención armada en territorio nacional, lo que podría desencadenar una escalada de inestabilidad sin precedentes.
También, el regreso abrupto y desordenado de connacionales deportados podría, independientemente de los efectos económicos a ambos lados de la formtera, desdencadenar problemas graves como su reclutamiento por parte del crimen organizado o su participación en crimenes del orden común.
La cotradicción de intereses Estadounidenses y Chinos en territorio nacional puede ser también un factor que nos ponga en medio de una eventual situación catastrófica.
La delincuencia organizada transnacional ha sido un eje central de la Agenda desde hace años, pero la eficacia de la política exterior, en particular en la relación con nuestro vecino y principal socio comercial, es un factor novedoso que no puede soslayarse. La seguridad nacional ya no puede desvincularse de la diplomacia ni de la capacidad del Estado para gestionar las tensiones con Washington.
La Agenda Nacional de Riesgos debe evolucionar para reconocer que, en el actual contexto geopolítico, la seguridad nacional ya no depende únicamente de las fuerzas del orden, sino también de una diplomacia estratégica y efectiva. México no puede permitirse una política exterior reactiva; debe anticipar escenarios, fortalecer sus alianzas y consolidar una posición de firmeza ante cualquier intento de vulnerar su soberanía. Es imperativo que el Estado mexicano actúe con visión esa visón precisamenta, de Estado, integrando la política exterior como un eje central de su estrategia de seguridad, antes de que los riesgos latentes se conviertan en crisis incontrolables.
Analizar e incluir en la Agenda de Riesgos una situación determinada no aumenta en absoluto su probabiliad de ocurrir y sí aumenta la capacidad del Estado para prevenirla o para reaccionar en caso de que se materialice.