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Columnas
In Memoriam
Sebastián Piñera, Presidente de Chile por dos ocasiones (2010-2014 y 2018-2022) murió víctima de un accidente de helicóptero, siendo él mismo el piloto de la aeronave que caería en aguas del Lago Ranco. Es una desgracia evidentemente que un gobernante conciliador y respetuoso de la legalidad de su país, muriera de esa forma, aunque ese fin esconde mucho de grandeza. Permaneció piloteando la inestable máquina mientras daba tiempo de saltar a sus otros tres acompañantes, su hermana, entre ellos. El no quiso saltar, porque sabía que el helicóptero les caería encima. El Presidente, con este hecho, ha dado muestras a la historia de su calidad personal y la imborrable memoria que dejará para una posteridad definitiva.
Piñera, primer mandatario de derecha del Chile postdictatorial, tuvo dos grandes momentos bajo su administración: la reconstrucción de Valparaíso golpeada por el terremoto de 2010 y la desgracia de la Mina San José, en donde se pudo salvar finalmente a 33 mineros atrapados. Nadie le podrá negar el clima de estabilidad con el que pudo mantener su gobierno en medio de una sociedad a la que la política polarizó a niveles tan destructivos, que el resentimiento entre una población adolorida por una dictadura militar, contar con un gobernante respetable ya es, de suyo una enorme ganancia, no pretendiendo sacar raja política de las miserias nacionales, como los demagogos tienen a hacer, exacerbando las diferencias y abriendo heridas, que terminan por provocar un enrarecido clima de enemistad permanente que no tiende a terminar nada bien.
Cierta envidia da, ver a la distancia, un funeral de estado a un expresidente, cosa que en un país donde normalmente sus presidentes al término de su sexenio, reciben una especie de ostracismo sepultado entre un torrente de cascajo, justo o injustamente auto erigido, pero donde prácticamente el semiolvido con el que mueren, contrasta con el enorme favor que las masas que en México, se entregan a veces de manera tan irracional al gobernante en turno, que con esa misma pasión, los destierran en medio de pregones satanizantes del que habrá algunos que sacarán provecho manteniendo viva la llama de fantasiosas y ridículas patrañas con las que quieren limpiar su cara.
En el velorio, llevado a cabo en las instalaciones del antiguo Congreso, escoltado por una magnífica guardia con ese solemne aire prusiano con el que el ejército chileno se relaciona, al lado del féretro con la bandera nacional, estaban los representantes de todos los partidos políticos, para empezar el actual Presidente Gabriel Boric, joven miembro de un izquierda moderna y conciliadora, respetable y respetuoso, que haciendo guardia al lado del féretro, representaba lo que de mejor puede tener una sociedad justa: el respeto a sus instituciones.