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A la CDMX le llueve sobre mojado

A la CDMX le llueve sobre mojado

Columnas viernes 17 de julio de 2026 -


En la Ciudad de México ya ni siquiera hace falta una tormenta extraordinaria. Basta un aguacero de temporada para confirmar que el gobierno capitalino sigue sin poder resolver uno de los problemas más elementales de cualquier gran ciudad: evitar que la vida cotidiana colapse.
Cada lluvia importante repite la misma escena. Vialidades convertidas en ríos, transporte público con afectaciones, vehículos varados, comercios inundados y miles de personas llegando tarde a sus trabajos o, simplemente, sin poder llegar. Cambian las fechas, pero nunca el resultado.
Lo más preocupante es que nadie puede decir que esto tomó por sorpresa a las autoridades. Los puntos críticos son los mismos desde hace años. Existen mapas de riesgo, antecedentes, diagnósticos y estudios suficientes para saber dónde intervenir. Lo que ha faltado no es información; ha faltado gobierno.
La administración capitalina presume inversiones, programas y estrategias cada vez que inicia la temporada de lluvias. Sin embargo, cuando cae el agua, la realidad termina desmintiendo los boletines oficiales. Las obras que se anuncian con bombo y platillo no se reflejan en la experiencia diaria de quienes viven la ciudad.
Gobernar también significa prevenir. Significa limpiar y mantener el drenaje antes de que llegue el temporal, intervenir la infraestructura que ya está rebasada y coordinar respuestas rápidas cuando ocurre una emergencia. No basta con aparecer frente a las cámaras cuando el agua ya entró a las casas.
El cambio climático es una realidad y las lluvias son cada vez más intensas. Precisamente por eso resulta incomprensible que la capacidad de respuesta siga pareciendo la de hace veinte años. Una ciudad moderna no puede resignarse a que cada tormenta implique horas perdidas, daños al patrimonio y miles de ciudadanos atrapados.
Lo más grave es que la capital empieza a normalizar el fracaso. Hemos llegado al punto de asumir que inundarse, quedar varado o pasar tres horas en el tráfico forman parte inevitable de la temporada. No, no es normal. Es la consecuencia de decisiones que durante años privilegiaron el discurso sobre el mantenimiento, la planeación y la ejecución.
Nadie le exige al gobierno que deje de llover. Lo que sí puede exigírsele es que la ciudad funcione cuando llueve.
Porque una administración se mide en los días difíciles, no en las conferencias de prensa. Y mientras cada tormenta siga exhibiendo las mismas deficiencias, la conclusión será inevitable: a la Ciudad de México le sigue lloviendo sobre mojado.




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/CR

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