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Elasticidad democrática, rigidez autocrática

Elasticidad democrática, rigidez autocrática

Columnas jueves 16 de julio de 2026 -


En tiempos de incertidumbre global, de borrasca diplomática y guerras regionales, resurge con fuerza una vieja seducción: la idea de que un "dictador benevolente" o un régimen autoritario puede gestionar los desafíos modernos con una rapidez y eficacia que la democracia, con sus debates y demoras, simplemente no puede igualar.
Hay quien alega que, mientras las y los líderes elegidos se pierden en ciclos electorales y presiones de grupos de interés, la o el autócrata puede mirar hacia el horizonte a largo plazo. Sin embargo, la evidencia histórica y científica sugiere que esta supuesta eficiencia no es más que un espejismo peligroso; una trampa que suele terminar en desastre.
La realidad es que las democracias no solo son moralmente superiores por respetar la dignidad y equidad de sus ciudadanos; también funcionan mejor en la práctica.
En el ámbito económico, la "tentación autocrática" sugiere que los regímenes de mano dura pueden forzar el desarrollo sin las trabas de la rendición de cuentas. No obstante, las economías más avanzadas del mundo son democracias. Si bien regímenes como el chino han logrado movilizar recursos para alcanzar un estatus de ingresos medios, la transición hacia una economía basada en el conocimiento requiere del Estado de derecho y la libertad para cuestionar lo establecido, elementos que las dictaduras socavan sistemáticamente. Además, la falta de controles institucionales en los sistemas autoritarios permite que los errores políticos escalen hasta convertirse en catástrofes humanitarias, como la hambruna del Gran Salto Adelante de Mao.
La clave de la superioridad democrática reside en lo que Maquiavelo identificó hace siglos: la rendición de cuentas. Mientras que el poder absoluto tiende a ocultar sus errores, las instituciones democráticas están diseñadas para detectar, criticar y corregir sus fallos. La libertad de expresión y la prensa independiente no son obstáculos para resolver crisis como el cambio climático; son las herramientas que permiten que los científicos publiquen verdades incómodas y que los movimientos sociales exijan acciones reales en lugar de meras estadísticas manipuladas.
A pesar de las grietas que hoy parecen debilitar a nuestras sociedades abiertas, creo que el futuro de la democracia es profundamente esperanzador. Su mayor fortaleza no es la perfección, sino su capacidad inigualable de renovación y rectificación, es decir, su resiliencia. Alego que mientras los regímenes autoritarios se vuelven más rígidos y temerosos de su propio pueblo, las democracias poseen la elasticidad necesaria para adaptarse a los nuevos tiempos sin sacrificar la libertad. Al final del día, recordemos que el sistema que permite a su ciudadaníaexpulsar a sus gobernantes sin derramar sangre siempre será el motor más potente para el progreso humano, asegurando que el mañana no sea dictado por la voluntad de uno solo o una sola, sino por el ingenio colectivo de todas y todos.
X: @ElConsultor2



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