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Columnas
Estuvimos sufriendo la sequía más severa de los últimos 67 años, por la falta de lluvias en los 4 años anteriores. Formalmente desde el 15 de mayo, el Servicio Meteorológico de la Comisión Nacional de Agua, anunció el inició de la temporada de huracanes, ciclones y tormentas tropicales en nuestro país. Que para este 2024 previó para el Océano Pacífico de 15 a 18 meteoros (de los cuales ya entraron Aletta, Bud, Carlotta, Daniel, Emilia, Fabio y Gilma) y en el caso del Océano Pacífico, de 20 a 23 (de los cuales ya entraron Alberto, Beryl, Chris, Debby y Ernesto), lo que significaría un aumento del 50 % de incidencia en relación al 2023, debido al aumento de temperatura del Pacífico por el efecto del Niño. Con las lluvias registradas en julio y agosto de 2024 hemos recibido gigantescos volúmenes de agua que por supuesto rebasan con mucho toda nuestra infraestructura hidráulica (bordos, represas y drenajes municipales) y de cauces de ríos, lagos y lagunas.
Desafortunadamente sabemos que en nuestro país todos los ríos son usados como basureros, no solamente por las más de 45,000 descargas directas a cuerpos de agua, de aguas residuales de toda clase de actividades industriales, artesanales y agropecuarias a nivel nacional, sino también las descargas de aguas negras ineficientemente tratadas de los drenajes municipales, o de plano, sin tratar. Es el caso de los ríos que llevan cientos de sustancias químicas tóxicas como plaguicidas, insecticidas, grasas, aceites y solventes de origen petroquímico, metales pesados contenidos en pinturas como plomo, níquel cadmio, arsénico y ahora tenemos los contaminantes emergentes como las drogas sintéticas, hormonas y antibióticos que se encuentran en estos cuerpos de agua. Al llegar el enorme caudal de agua de estos sistemas de lluvias tropicales a estos ríos, lagos o lagunas, se salen de sus causes normales y es entonces cuando sucede esta terrible contaminación que abarca los suelos agrícolas y en el caso de las ciudades estas aguas muy contaminadas literalmente entran a las viviendas de los mexicanos que viven en zonas vulnerables. Esta contaminación nadie la toma en cuenta, pero es de una magnitud incalculable. Porque los daños a los suelos agrícolas causados por estos contaminantes afectan directamente los productos agrícolas que nos comemos y en el caso de las viviendas estos contaminantes quedan dentro de sus viviendas una vez que los niveles de agua bajan.
*Carlos Alvarez Flores, presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C. Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático. www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores