MANELICH CASTILLA
Emmanuel Carrére refiere tener un talento excepcional para convertir en infierno una vida que lo posee todo para ser dichosa, y que no permitiría que nadie hable a la ligera de ese infierno (Yoga, Anagrama, 2021). Xavier Velasco dice que a la imaginación le gustan los atajos, tanto como le estorba la realidad, y que ya que la realidad se “emperra” en competir con la ficción, no queda más remedio que meterla en cintura (El último en morir, Alfaguara, 2020). Lucia Berlin reconocía exagerar mucho y mezclar realidad con ficción en sus textos, pero que ello no implicaba mentir (Manual para mujeres de la limpieza, Alfaguara, 2016). De Almafuerte, Jorge Luis Borges escribió que él pensaba que la frustración es lo fundamental, lo central, del destino humano. Cuanto más abatido un hombre, más admirable; cuanto más invisible, más claro; cuanto más ruin, más alto (Textos recobrados 1931-1955, Emecé, 2001).
La cita de Carrére dibuja a un hombre agobiado y deprimido. Tal era el estado que el escritor guardaba al momento de describir esa idea y reconocer su caída libre empujado por el desencanto de su lugar en el mundo. Empero, fue capaz de hacer de su pesar una lección casi terapéutica para millones de lectores.
Xavier Velasco se asume un soñador precoz que anteponía las prioridades de su imaginación a las del plan de estudios de las escuelas que recorrió en su vida académica. De ahí que sus letras gocen de veracidad contagiosa y sea consentido de una generación de lectores que ven en él una especie de alter ego. Su ensueño se alimentaba de buenas lecturas y excelente música, pero también de una férrea disciplina con la pluma y el papel, sin la cual no hubiéramos visto nacer al Diablo guardián.
Lucia Berlin fue una escritora deslumbrante. Su alcoholismo pudiera explicar las razones por las cuales decía mezclar ficción y realidad y en ello asumir que no escribía mentiras. La intoxicación por alcohol o drogas ha sido tema central de centenares de libros imprescindibles. Sin embargo, de la nacida en Alaska, destaca no solamente su estilo narrativo que transporta a los más pequeños detalles del entorno que la rodea, sino el poder verse a sí misma. La calamidad como constante; la lucha por la subsistencia; sus múltiples trabajos y sufrimientos, algunas alegrías, objeto de sus relatos, enseñan que aun en horas bajas, tinta y papel pueden tornarse arcilla para construir un legado.
La obra de Borges abarcó todos los géneros literarios. La gran mayoría de sus libros son un desafío para los lectores, que deben volver una y otra vez a sus páginas para hallar nuevos y apasionantes detalles. Más de 1,200 ensayos, según un artículo de Eliot Weinberger publicado en 1999 en la revista Letras Libres, representarían una versión de sus Obras completas, que difícilmente incluirían todas sus creaciones. Se piensa que existe una cantidad importante de textos que no han sido publicados. Nada mal para un hombre que desde temprana edad comenzó a perder la vista hasta llegar a la ceguera total a la edad de 55 años. De ahí que intelecto y sentimiento se mezclen en su opinión sobre Pedro Bonifacio Palacios “Almafuerte”, quien escribió:
“No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.”
Poema que solía declamar mi padre y que, confío, volverá a hacer cuando venza a la enfermedad. A él dedico este texto, con gratitud por enseñarme que respuestas y consuelo siempre estarán en los libros y hoy comparto con ustedes.