En octubre de 2004 el Congreso de Estados Unidos declaró octubre como mes de la ciberseguridad, especialmente bajo la estrategia de realizar simulacros o ejercicios para prevenir y atender los ataques que impactan a los ciudadanos, a las empresas y el Gobierno de todos los países sin distingo, incluso entre más difícil sea mayor atractivo resulta para los ciberdelincuentes.
Y la semana pasada, para arrancar octubre, se realizó el encuentro anual Infosecurity, en su séptima edición y con la participación de más de 60 conferencistas y 54 sesiones de trabajo y talleres, 65 marcas expositoras, y más de tres mil visitantes según el registro anticipado dado a conocer por la dirección del evento, lo que generó más de 17 mil millones de dólares en acuerdos de negocios.
Pero ya saben, aquello del vaso medio vacío o medio lleno. Las cifras parecen positivas, en la realidad el recurso preventivo en ciberseguridad aún es muy limitado y cuestionado (¿cuántas veces al día rechazas ofertas de antivirus para tu computadora?); las empresas y gobiernos aún hacen muchas cuentas y preguntas antes de adquirir soluciones para protegerse.
Juegan a que no les tocará y pretenden ahorrarse ese capital; pero, sorpresa, cuando les pega un ataque las pérdidas en el mínimo de los casos equivale a tres veces lo que hubieran invertido en prevención o reacción estructurada. Y no lo digo yo me lo respondió Enrique Herrera, vocero de Infosecurity y fundador de Cyberimox, un hacker “bueno” que conocí; un gran desarrollador y visionario.
En el evento también se realizó un panel especialmente interesante, el de la Regulación Mexicana en Materia de Ciberseguridad, donde participaron mujeres expertas: Ivonne Muñoz, de IT Lawyers; Erika Mata, ejecutiva y conferencista internacional, y Gabriela Reynaga, CEO de Holistics GRC, quienes subrayaron la existencia de regulaciones fragmentadas en materia de ciberseguridad en México. Llamaron a la unificación y fortalecimiento de las normativas e hicieron eco de una falta de personal especializado para comprender y aplicar estas regulaciones de manera efectiva.
Carlos Chalico, líder de Ciberseguridad y Privacidad en EY, compartió tendencias globales en ciberseguridad, destacando que el uso indiscriminado de nuevas tecnologías puede crear vulnerabilidades inadvertidas: “Solamente uno de cada cinco CISOs (Chief Information Security Officer) considera efectiva su función de ciberseguridad. Los ataques van en aumento en volumen y complejidad; el 75% de ellos opina que ha habido un incremento en ataques en los últimos cinco años, y el 76% dice que tardan seis meses o más en detectar y responder a un ataque”.
Se enfatizó la importancia de una estrategia de ciberseguridad que considere la simplificación y se mencionaron tecnologías de alto riesgo, como la nube, el Internet de las cosas y la Inteligencia Artificial.
Chalico también señaló que los principales desafíos en la integración de la ciberseguridad incluyen presupuestos insuficientes, falta de comunicación entre el CISOs y otros líderes de la Alta Dirección, y la falta de seguimiento de las mejores prácticas en áreas fuera de TI. “Las organizaciones requieren trabajar en la adopción de mecanismos de control por diseño, centrándose en la gente y en la facilidad operativa de uso”.
¿Quién sabe de seguridad en ese país, quién invierte y quién sabe proteger? ¿Gastamos en tecnología o invertimos en esta para perder menos? Ellos seguirán ahí.
REMANENTES
Los grandes desafíos que enfrentamos como el cambio climático, desigualdades, epidemias y más, requieren conocimientos para resolverlos, y dentro de ellos los datos, que en la mayoría de los casos no son públicos.
El Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), colaboró en un interesante proyecto de Data Commons de Google.org en alianza con TechSoup, para la elaboración del estudio “Hambre y Género en México” que aborda la posible relación entre la violencia doméstica y la inseguridad alimentaria
De esta manera, el documento busca ser una herramienta para mostrar cómo los datos pueden ayudarnos a visibilizar problemas y plantear posibles soluciones.
Por ejemplo, el estudio revela, que 20.7% de la población femenina mexicana está sujeta a inseguridad alimentaria moderada o severa, de acuerdo con Coneval esta cifra equivale a que aproximadamente 13.6 millones de mujeres en el país enfrentan la falta de acceso a una alimentación adecuada y de calidad.