Hay dolores que se pueden ver y atender de inmediato, pero existen otros que se viven en silencio, detrás de una sonrisa, de una puerta cerrada o de un “estoy bien” que muchas veces esconde una realidad distinta, hablar del suicidio nunca será sencillo, pero guardar silencio tampoco puede ser nuestra respuesta, necesitamos aprender a mirar con empatía a quienes tenemos cerca, escuchar sin juzgar y comprender que la salud mental forma parte de nuestro bienestar, porque una palabra, una conversación oportuna y el acompañamiento adecuado pueden convertirse en el inicio de una nueva oportunidad.
El pasado 10 de septiembre conmemoramos el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que nos invita a colocar sobre la mesa un problema de salud pública que durante muchos años permaneció rodeado de prejuicios y silencios, la Organización Mundial de la Salud ha impulsado la campaña “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, precisamente para transformar la manera en que hablamos sobre este fenómeno y promover conversaciones responsables, porque prevenir también comienza cuando dejamos de señalar a quien atraviesa una crisis y construimos entornos donde pedir ayuda sea entendido como un acto legítimo y necesario.
Las cifras muestran la dimensión del desafío, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud más de 720 mil personas mueren por suicidio cada año en el mundo, además, el suicidio fue la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años a nivel mundial en 2021, una realidad especialmente dolorosa porque hablamos de jóvenes que deberían encontrarse construyendo proyectos, descubriendo oportunidades y soñando con su futuro, pero que en ocasiones enfrentan situaciones emocionales, familiares, económicas o sociales que requieren acompañamiento y atención especializada.
En México también tenemos razones para ocuparnos de este tema, cifras oficiales reportaron una tasa de 6.8 suicidios por cada 100 mil habitantes durante 2024, detrás de esos números hay personas y familias que enfrentaron historias profundamente dolorosas, por eso las estadísticas no deben quedarse únicamente en documentos o informes, tienen que convertirse en acciones de prevención, servicios de salud mental accesibles y estrategias que lleguen verdaderamente a nuestras colonias, escuelas, centros laborales y comunidades.
Quienes venimos del barrio sabemos perfectamente lo que significa hacer comunidad, en Tepito aprendí que cuando una familia atraviesa momentos difíciles siempre existe una vecina que pregunta qué sucede, un amigo que extiende la mano o alguien dispuesto a acompañar, esa solidaridad que caracteriza a nuestros barrios también debe convertirse en una herramienta para cuidar nuestra salud mental, particularmente la de nuestras niñas, niños y juventudes, porque ninguna persona debería sentirse sola frente a una situación que parece imposible de superar.
También necesitamos enseñar a nuestras juventudes que expresar emociones no es una debilidad, debemos escucharlas cuando hablan de ansiedad, tristeza, miedo o soledad y acercarlas a profesionales cuando sea necesario, desde las instituciones tenemos la responsabilidad de fortalecer las políticas públicas de prevención, capacitar a quienes trabajan directamente con nuestras comunidades y combatir los estigmas que todavía provocan que muchas personas tengan miedo de solicitar atención.
En nuestro país contamos con la Línea de la Vida, en el número 800 911 2000, que brinda atención gratuita las 24 horas durante los 365 días del año, tener este número presente y compartirlo responsablemente puede ayudar a que una persona encuentre orientación profesional cuando más la necesita, porque prevenir el suicidio requiere información, instituciones preparadas y una sociedad dispuesta a acompañar.
Como mujer, madre y representante popular seguiré defendiendo una política que coloque a las personas en el centro, que escuche antes de juzgar y que acompañe antes de señalar, desde Tepito y desde cada barrio hagamos comunidad para que nadie tenga que cargar su dolor en silencio, volvamos a preguntarnos cómo estamos y tengamos el tiempo y el corazón para escuchar la respuesta, porque hablar abre caminos, acompañar devuelve esperanza y actuar a tiempo puede salvar vidas.
María Rosete.