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Ninguna bandera legitima la violencia

Ninguna bandera legitima la violencia

Columnas miércoles 03 de junio de 2026 -



Las maestras y los maestros son, por definición, agentes de formación, de diálogo y de construcción de ciudadanía. Su tarea consiste en educar, orientar y transmitir valores que permitan a las nuevas generaciones convivir en una sociedad democrática. Por ello, cuando la violencia aparece como herramienta de presión o como forma de expresión política, surge una pregunta inevitable: ¿puede justificarse la violencia en nombre de una causa, por legítima que esta sea?

La respuesta debe ser clara y categórica: NO. NO hay violencia que se justifique.

Es cierto que el magisterio enfrenta desafíos y tiene muchas demandas que sonlegítimas, que merecen atención, diálogo y soluciones responsables por parte de las autoridades. Demandas que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), ha alzado la voz para que sean escuchadas y resueltas.

En ese sentido, la semana pasada resalté lo que su dirigente, el Senador y Maestro Alfonso Cepeda Salas ha expresado en tanto, que aceptar una respuesta nunca significará abandonar sus demandas y lucha histórica.

Por lo que, los acontecimientos protagonizados en distintos momentos por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, conocidos por bloqueos, actos de presión y expresiones que derivan en escenarios de confrontación y violencia, obligan a reflexionar sobre los medios que se emplean para “obtener” respuesta a las demandas que tienen.

Cierto es, que en una sociedad democrática, el derecho a la manifestación es fundamental. La libertad de expresión, la protesta y la organización colectiva son conquistas que deben protegerse. Pero esos derechos encuentran su límite cuando afectan los derechos de los demás, cuando paralizan ciudades enteras, impiden el libre tránsito, vulneran servicios públicos o generan confrontación y afectaciones a terceros.

Ninguna causa social se fortalece cuando recurre a prácticas que generan molestia, división o perjuicio para la ciudadanía.

La violencia no deja de ser violencia porque quien la ejerce considere justa su causa. Cuando se normaliza la idea de que el fin justifica los medios, se abre una puerta peligrosa para la convivencia democrática.

Las maestras y los maestros han sido históricamente referentes morales en las comunidades. Son quienes enseñan a resolver conflictos mediante el diálogo, quienes promueven la cultura de la legalidad y quienes forman ciudadanos capaces de participar en la vida pública sin recurrir a la imposición. Precisamente por ello, la sociedad espera del magisterio congruencia entre los valores que enseña y las formas en que defiende sus demandas.
La legitimidad de una causa también se mide por la legitimidad de sus métodos.

México necesita un debate serio sobre la educación, sobre el fortalecimiento de la escuela pública y sobre el bienestar de quienes dedican su vida a enseñar. Pero ese debate debe construirse desde el respeto, la razón y el diálogo institucional, nunca desde la confrontación o la afectación a terceros.

Así, aunque a muchos no les guste, y como lo ha venido haciendo el SNTE, es como las y los mexicanos necesitamos que se resuelvan los problemas.

Las causas justas no necesitan violencia para ser escuchadas. Necesitan argumentos, organización, liderazgo y capacidad de construir consensos. La historia demuestra que los avances más duraderos son aquellos que logran transformar realidades sin destruir la convivencia social.

Por eso vale la pena insistir en una convicción elemental: las necesidades del magisterio deben atenderse, sus demandas deben escucharse y sus derechos deben respetarse. Pero ninguna inconformidad, por profunda que sea, puede convertirse en licencia para la violencia.

Porque no hay violencia buena, no hay violencia necesaria y no hay violencia justificable. La violencia, venga de donde venga, siempre termina dañando la causa que pretende defender.

Dra. Rosalía Zeferino Salgado
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MUxED)



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