*El tema del crecimiento económico debe tener un sitio estelar en la agenda económica de nuestro país.
Los datos
El Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó la expectativa de crecimiento económico para México de 2.8 a 2.0 por ciento. La cifra está muy abajo del 3.4 por ciento que fijó apenas a inicios de mes la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) también como expectativa luego de revisar su pronóstico del año pasado ubicado en 4.1 por ciento.
Al mismo tiempo, el Estudio de la Felicidad elaborado por la Universidad de Oxford y otras más, colocó a México en el sitio 46 entre 146 países, prácticamente sin cambios respecto a otros años.
Es el crecimiento, sí o sí.
El crecimiento económico para este sexenio prácticamente está perdido, cuando mucho se habla de que la economía mexicana crecerá a una tasa promedio de 0.65 por ciento en todo el sexenio, considerando que los años 2022, 2023 y 2024 no se atraviese alguna recesión en Estados Unidos, que nos condenaría a un menor crecimiento o incluso a un decrecimiento.
Al principio del sexenio se prometió crecer a un promedio de 4 por ciento, después y muy recientemente la apuesta se dobló por medio del optimismo presidencial y en una de las conferencias matutinas donde pareciera que se designa el destino de corto y largo plazo de la nación (lo que no es del todo cierto), se dijo que este año se crecería al 7 por ciento, la misma tasa de crecimiento se prometió para 2023 y 2024.
No hubo ninguna justificación para tal promesa, ninguna inversión pública o privada espectacular, tampoco un repunte económico en Estados Unidos, que como sabemos suele “jalarnos”, ni mucho menos alguna explicación técnica que sustentara la promesa del 7 por ciento, simple y sencillamente dijo el emisario del mensaje que la expectativa se basaba en “su optimismo”, sobre decir que dicho emisario fue nada menos que el propio presidente de la república.
Al margen de los buenos deseos, que explican totalmente el optimismo presidencial, México no sólo tiene un problema de crecimiento, sino que tiene un problema de decrecimiento, es decir cada día crece menos, o mejor dicho cada año.
Hace no mucho se hablaba de que, si bien el país no crecía, sí era una nación que estaba en sitios más o menos decorosos en otros índices, que eran incluso más reveladores de los avances que se estaban logrando con la implementación de las políticas económicas transformadoras.
Uno de esos índices es el elaborado por la Universidad de Oxford en Estados Unidos, junto con otras prestigiosas instituciones.
En dicho índice, de acuerdo a sus resultados más recientes de marzo, México se coloca en el sitio 46 de una lista de 146 naciones, un poquito más arriba de media tabla, con una calificación de 6.128 puntos.
En este indicador la calificación máxima es de 10 puntos, reservada para aquellos que auténticamente “mueren de felicidad”, pero ningún país la alcanzó.
Nuestra nación está prácticamente estancada, su movimiento más positivo, avance en este indicador, lo reportó al cierre de 2017, los primeros ochos sitios están ocupados por los países nórdicos, la zona del mundo donde al parecer los ciudadanos son más felices. Finlandia es el país más feliz del mundo con una puntuación de 7.821 unidades, nosotros estamos casi dos puntos abajo.
De acuerdo al estudio, los factores que más pesaron para determinar la calificación de México fueron: el pib percápita, el apoyo social, las expectativas de una vida sana, la libertad para tomar decisiones, la generosidad y la corrupción. En todos estos indicadores se observó un estancamiento de México.
Hemos señalado en este espacio que el crecimiento es un tema vital, que debería ocupar un espacio central en la agenda económica del país, pero desgraciadamente casi todo lo que llevamos del sexenio ha estado relegado. Se dice que se atienden las causas del bajo crecimiento, que se están sentando las bases para un gran desarrollo y crecimiento nacional, pero lo que las cifras reflejan es un gran rezago presente y futuro.
A todo esto, no sé si habrá notado amable lector que en todo este tema de crecimiento nos hemos referido al Fondo Monetario Internacional, a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, a la Universidad de Oxford, al índice de la Felicidad, a Finlandia, a los países nórdicos, y también a las promesas presidenciales de crecimiento.
En los días recientes, y de hecho de manera cotidiana, el crecimiento económico es tema de preocupación, debate y reflexión.
Pero falta un actor esencial cuando se habla de PIB en nuestro país, fundamental, que debería llevar un papel estelar para bien o para mal.
¿Usted sabe dónde anda el secretario de hacienda?