La palabra élite proviene del francés, y se utiliza para referirse a una "minoría selecta", es decir, un pequeño grupo de personas, en condiciones de privilegio o ventaja frente al resto de la sociedad.
El materialismo histórico dialéctico plantea que la lucha por el poderío social (presente a lo largo de la historia), da lugar al surgimiento de grupos sociales de élite, los cuales ascienden, se "enquistan" por un tiempo y luego descienden, al ser sustituídos por otro grupo distinto, que volverá a hacer lo mismo.
En el ámbito académico, laboral, político, educativo, científico, cultural, profesional, artístico, deportivo y muchos otros más, existe la tendencia a la formación de élites. Aquellos que disfrutan y se benefician de la estructura de una pirámide social, en el que la amplia base sostiene a la reducida "punta de la pirámide".
La formación de esos círculos o élites tiene una condición. No toda persona puede pertenecer a ellos. Eso significa que habrá siempre excluidos.
Vivir la exclusión y rechazo del club ("nos reservamos el derecho de admisión". Y tú no cabes aquí) es una situación que muchos hemos vivido.
Pertenecer a las élites en los distintos entornos sociales no es un honor ni una distinción. Es una oportunidad.
En particular, la comunidad académica y científica en México tiene pocos espacios de actuación, en los que el fomento y reconocimiento a esta labor, ha sido construido a lo largo de las últimas décadas, como sitios para favorecer los intereses de élites "doradas".
La academia y la investigación pagan con escasez económica, pero el prestigio es un bien social, que también se puede volver "rentable".
Las pocas plazas disponibles para profesores e investigadores, el cerrado proceso de acceso y pertenencia al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), las grandes trabas para lograr la publicación y difusión de una obra escrita, son algunas de las barreras que se deben enfrentar para poder formar parte de la comunidad académica y científica.
Algunos intentamos por años lograrlo. Fui rechazado 3 veces del ingreso a SNI, antes de lograr el ingreso apenas este año. En una de ellas me dijeron que mi obra escrita no había sido publicada "en editoriales de prestigio" sino por instituciones públicas (como la Asamblea Legislativa del DF, o la CNDH) Es decir, mi trabajo estaba escrito para las "masas" y no para las "élites".
No pretendo pertenecer a la élite académica, intelectual, científica o de ningún tipo. Mi ideal siempre ha sido lograr que esos entornos cerrados, esos círculos pequeños donde solo caben unos cuantos, se hagan más y más extensos. Desaparecer a las élites. Mezclarlas con la "raza".
Flor de Loto: Podemos romper la cultura elitista, socializando el acceso y disfrute de los bienes comunes, como la ciencia y la investigación.