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Cuando la emoción pierde el control: la psicología de las masas también juega el Mundial

Cuando la emoción pierde el control: la psicología de las masas también juega el Mundial

Columnas martes 07 de julio de 2026 -


Cada gol del mundial más si es de nuestro país, se celebra como si fuera propio. Miles de personas salen a las calles, se abrazan con desconocidos y convierten plazas y monumentos en escenarios de una alegría colectiva. Sin embargo, cuando la emoción rebasa ciertos límites, una celebración puede transformarse, en cuestión de segundos, en una tragedia.No es un fenómeno nuevo.
La historia del deporte registra episodios dolorosos como la tragedia de Hillsborough, en Inglaterra (1989), donde 97 aficionados perdieron la vida; la Love Parade de Alemania (2010), con 21 fallecidos, o diversos accidentes ocurridos durante celebraciones deportivas y eventos multitudinarios en distintos países. Todos dejaron una misma enseñanza: las multitudes también tienen una fisiología y una psicología propias.Durante muchos años se creyó que estas tragedias ocurrían porque “la gente entraba en pánico”. Hoy la evidencia científica demuestra otra realidad. La mayoría de las víctimas fallecen por asfixia compresiva, consecuencia de una densidad excesiva de personas. Cuando en un espacio coinciden más de seis personas por metro cuadrado, el individuo deja prácticamente de controlar sus movimientos y comienza a desplazarse por la fuerza ejercida por quienes lo rodean.
En esas condiciones aparece la llamada turbulencia de multitudes: empujones involuntarios, pérdida del equilibrio y una presión tan intensa sobre el tórax que impide respirar con normalidad. La fuerza física deja de importar. Cualquiera puede caer. Y cuando una persona cae, el riesgo de un efecto dominó aumenta de forma dramática.
La psicología también explica parte del fenómeno.Las emociones son contagiosas. La euforia, el entusiasmo y el sentimiento de pertenencia hacen que las personas imiten el comportamiento del grupo y disminuyan su percepción del riesgo. Si todos avanzan, uno avanza; si todos corren, uno corre. La emoción colectiva puede ser extraordinariamente positiva, pero también puede disminuir nuestra capacidad de tomar decisiones prudentes.El consumo de alcohol agrava este escenario. Aunque no explica por sí mismo las tragedias, sí altera el juicio, reduce los reflejos, aumenta la impulsividad y dificulta reconocer situaciones de peligro, incrementando la probabilidad de lesiones y accidentes.
A ello se suma una práctica que se ha vuelto frecuente durante las celebraciones futbolísticas: el ”¡Quiere volar!”.
Lanzar repetidamente a una persona por encima de la multitud puede parecer una muestra de alegría, pero desde la medicina representa una actividad de alto riesgo. Basta una descoordinación del grupo o un mal cálculo para provocar traumatismos craneoencefálicos, lesiones cervicales, fracturas, luxaciones o lesiones medulares con consecuencias permanentes. El riesgo aumenta significativamente cuando quienes participan han consumido alcohol.
Por ello, celebrar también exige responsabilidad.
Las recomendaciones son sencillas, pero pueden salvar vidas:
Evitar ingresar a zonas donde ya no exista espacio para moverse libremente.
No empujar ni responder a los empujones.
Si la presión aumenta, desplazarse lateralmente hacia zonas menos congestionadas.
Mantener los brazos flexionados frente al pecho para proteger la expansión pulmonar.
Evitar participar en juegos como el “¡Quiere volar!” u otras conductas de riesgo.
Moderar o evitar el consumo de alcohol.
Si alguien cae, ayudar de inmediato y alertar a los servicios de emergencia.
El Mundial nos recuerda que el deporte tiene la extraordinaria capacidad de unir a un país entero. Esa emoción compartida es parte de su grandeza.
Pero ninguna victoria merece una lesión permanente ni una vida perdida. Porque, desde el cristal con que se mira, la mayor muestra de pasión por una selección no consiste en estar en el centro de la multitud, sino en celebrar con responsabilidad y regresar a casa para seguir disfrutando los próximos partidos.
Que el recuerdo de este Mundial sea el de los goles, los abrazos y la esperanza… nunca el de una tragedia que pudo evitarse.Sin embargo como diría Ramón de Campoamor "nada es verdad, nada es mentira, todo es de acuerdo al cristal con que se mira".




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