Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
En la práctica la reforma al Poder Judicial no es un problema de los mexicanos como sociedad, sería como pensar que la mayoría son delincuentes o fueron acusados, torturados, encarcelados injustamente y deben arreglar sus asuntos dentro del marco de la ley.
Nadie niega que hay muchos delincuentes sueltos, y que hay hombres y mujeres que no han sido condenados durante años por delitos menos como robar un pan.
La afectación directa del Poder Judicial no toca ni siquiera a la décima parte de los mexicanos. Se pelea por un país mejor, aunque no se sufran en carne propia los excesos de los parásitos que en nombre de un supuesto conocimiento hermético creían ser superiores, incluyendo poder, salarios, y sobre todo secuestrar el destino de los inocentes y liberar la impunidad de los criminales.
Ante este panorama podemos ver que sorpresivamente son más los trabajadores del Poder Judicial, acompañados de grupos importante de porros que los que afectados por las injusticias. Esto no quiere decir que sea una minoría la que aprobó, desde el 2 de junio, la reforma.
La derecha asegura que la toma del Senado fue realizada por el pueblo, donde había personal de alcaldías del PAN, porros, estudiantes del ITAM, hijos de políticos de oposición. Las marchas en defensa de la reforma eran transmitidas por la televisión como marchas contra la reforma a pesar de poner al descubierto las leyendas de las pancartas que así lo expresaron.
Quienes se manifestaron contra la reforma al poder Judicial carecían de calidad moral para hacerlo, peleaban, haya donde pudieron por seguir teniendo privilegio y se protagonistas de los excesos más exóticos en un país con la mitad de la población en la miseria.
Para la derecha ellos son representantes de millones de mexicanos. La candidata a la Presidencia comentaba que la gente la paraba en la calle para tal o cual cosa cuando en realidad nunca bajaba de su vehículo y cuando lo hacía era abucheada de manera espontánea por la gente de cualquier alcaldía de la Ciudad de México y más aún en el interior del país.
La derecha vive del cuento, de un guion prefabricado al que deben plegarse todos, de otra manera desconocen el contenido. Las palabras de Marko Cortés y Claudio X. González van en el mismo sentido. Ahora sabemos que esos millones de personas no existen ni gente que detenga a su candidata en la calle.
La derecha por fin se mira en el espejo y no se reconoce. Las circunstancias de la aprobación de la reforma al Poder Judicial, su proceso y guerra le hicieron tomar conciencia a una derecha que vivía fuera dela realidad. Siempre estuvo en crisis sólo que ahora tiene conciencia de ello y no puede detener el avance de su debacle.