Tlatelolco es uno de los lugares más emblemáticos en la Ciudad de México y de las colonias con mayor número de habitantes en la Cuauhtémoc, guarda una gran historia y belleza cultural, fue en Tlatelolco donde el gran pintor y muralista revolucionario David Alfaro Siqueiros realizó “Cuauhtémoc contra el mito”, primera obra plástica que rompía con el muralismo clásico de su época, mural que expresa la destrucción de un mundo a consecuencia de la conquista desde la mirada de uno de los más grandes artistas y luchadores sociales que México ha dado al mundo.
En los años 60’s se edificó la unidad habitacional, con más de 80 edificios y 12,016 departamentos; hizo frente al movimiento estudiantil del 68, marcado por el autoritarismo y dolor que el estado ejercía sobre las personas. Años más tarde el sismo del 85 sacudió nuestra ciudad, marcando un antes y un después en la vida de innumerables familias de la Cuauhtémoc, tengo presente los rostros de las y los vecinos que salíamos a buscar entre los escombros, Tlatelolco fue de los lugares más afectados, por días enteros, buscábamos vida sin descanso alguno, entre vecinos dimos muestra de solidaridad, amor y empatía ante el fenómeno natural del que aprendimos a reconstruir y reconstruirnos de la devastación, porque el gobierno tecnócrata de aquel momento tardo 32 horas en salir a darle la cara al pueblo ante el caos.
32 años después, en 2017 Tlatelolco volvió a sacudirse, el sismo dejó ver una vez más las consecuencias de construir gobiernos y políticas públicas lejanas al pueblo y sus realidades, el gobierno estaba rebasado, sin embargo, los tlatelolcas resilientes salieron a la calle para darle la mano a la familia vecina que al día de hoy sigue afectada; han pasado casi seis años en los que cientos de familias tienen que vivir con el miedo y la zozobra de no saber en qué momento se derrumban las paredes de sus hogares.
Las madres que están entre el mito y la esperanza de ver reconstruidos sus hogares y tener garantizado su derecho a una vivienda digna, tienen nombre y apellido, Areli, Mizayra, Graciela, Azalea, Adriana, Guillermina, Ernestina, Sandra, Teresa, Lucia, Maru, Martha, Dulce, solo por mencionar algunas porque la lista es larga.
Los tlatelolcas hacen con humor expresiones como: “le paso el azúcar a mi vecina sin abrir la puerta”, aludiendo al boquete en la pared de su departamento que dejó el sismo. Quienes somos representantes populares debe preocuparnos y ocuparnos esto, es impostergable trabajar de manera coordinada vecinos y servidores públicos para que las familias puedan recuperar la tranquilidad de habitar una vivienda digna y segura, el patrimonio por el que trabajaron una vida entera es su hogar y la riqueza más grande de Tlatelolco son sus personas.
María Rosete
#porlosqueamamos