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Columnas
Sí, esta columna se llama Geoeconomía, pero cerrar los ojos a lo que sucede en nuestro país en términos de inseguridad es abdicar a la esencia del periodismo, y de nuestra obligación como ciudadanos, y eso no lo podemos ni debemos permitir.
Chiapas, entidad asolada por un enfrentamiento entre células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y del Cártel de Sinaloa (CDS), estas últimas han dominado la región en los años más recientes y con ello todo el negocio criminal subyacente, desde tráfico de drogas hasta trata de personas, pasando por la explotación de los multimillonarios y extraordinarios recursos naturales de dicha entidad, los abatidos ya son incontables y los medios de comunicación lo han normalizado, no se diga los ciudadanos, hace no mucho murieron en un solo evento más de 20 individuos, criminales o no eran seres humanos, y no pasó nada. Por cierto, supuestamente en este estado vive hoy quien dijo que pacificaría al país a fuerza de...abrazos. Un desastre, y nadie dice nada.
Guanajuato es un cementerio gigante, masacres un día, y al otro también, no es reciente, gobiernos van y gobiernos vienen, tanto del ámbito federal como estatal y municipal, la violencia es incontenible; cobardemente desde el poder incluso han tomado el estado como ejemplo de que ahí se mata más respecto a otras entidades gobernadas por quienes hoy gobiernan, vaya cobardía para no utilizar otras palabras. Y no pasa nada.
En Guerrero el fracaso del estado es total, en todos sus niveles, y nadie dice nada, son tan cobardes y cínicos que se dan el lujo de decir que están trabajando por Guerrero y que no hay ingobernabilidad; un alcalde decapitado les escupe en la cara su incapacidad y complicidad con el crimen organizado, porque se inútil y omiso es ser cómplice.
Podemos mencionar varios estados más: Estado de México, especialmente la zona sur en este momento pero no se pueden descartar otras partes de la entidad; Jalisco, Zacatecas, Veracruz, Tabasco, Puebla, Hidalgo, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, y un largo etcétera. Pero hagamos una pausa en la más reciente "joya de la corona".
Sinaloa, ¿quién puede negar lo que pasa ahí?; el cártel de las drogas más grande del mundo enfrentado entre sí, un gobernador incapaz y con serias dudas sobre su integridad como gobernante, además prácticamente con precio por su cabeza ante la grave acusación que lanzó el que era hasta el 25 de julio de este año el narcotraficante más importante del mundo, acusándolo de haberle puesto una trampa para su captura y secuestro (extracción por parte de un equipo especial de fuerzas estadounidenses, según se ha dicho), para ser enviado a Estados Unidos, en donde hoy enfrenta a la justicia.
El baño de sangre en ese estado es terrible, las cifras sin confirmar ya hablan de cerca de 300 muertos, pero quienes viven en ese infierno señalan que son muchos pero muchos más; lo anterior, sin considerar el daño a la economía, el estado es un estado fantasma después de las 8 de la noche, pero con todo y eso las masacres son una constante.
¿Qué pasa en México? No le demos muchas vueltas, estamos prácticamente en una guerra civil, tiene todos los ingredientes: la pelea de grupos políticos por cuotas de poder, aderezadas o respaldadas por el narcotráfico; el enfrentamiento armado entre grupos civiles, que han tomado las armas para defender intereses y personas; población desplazada por los enfrentamientos; la incursión de grupos para exterminar o desplazar poblaciones enteras; el financiamiento de todas esas actividades con capitales que tienen intereses oscuros, y desde luego el tejido social podrido porque lamentablemente muchas de las víctimas y de quienes participan en estas atrocidades son nuestros jóvenes, sí esos que se supone ya no son ninis porque "funcionó la economía moral", esos que hoy son "atendidos con becas", esos que se supone ya no emigran de sus comunidades por falta de oportunidades, esos que hoy "tienen un futuro". Pobre México, envuelto en una guerra civil sin que nadie lo reconozca.