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El Estado no necesita aplausos. Por sus hechos será reconocido

El Estado no necesita aplausos. Por sus hechos será reconocido

Columnas jueves 10 de septiembre de 2026 -





La crítica en la Cuarta Transformación y su forma de gobernar no es un ataque, es un acto de reflexión, con el objeto de que los ciudadanos de a pie meditemos lo que hacemos al votar; en lo cual, por cierto, últimamente no hemos sido muy asertivos; o al abstenernos, lo que, durante muchas décadas ha sido un sello nacional, es decir, el sello de la casa constante pero poco productivo. Porque no existe un solo culpable: somos millones los que hemos puesto de rodillas a nuestra nación frente a la corrupción, el crimen y ahora hasta la mediocridad.

Yo, como uno más de los mexicanos, realmente no quiero; exijo un Estado que ayude al que lo necesita, premie al que se esfuerza, castigue al que abusa de sus facultades, y condene al que se enriquece ilícitamente, esto por solo nombraralgunos de los males que aquejan al país; siendo nuestros propios caballos del Apocalipsis a la mexicana.

Más, lo que sí quiero, es un Estado que no necesite decirme cómo debo de pensar a cambio de un apoyo, ni que me califique como traidor o “PRIANISTA” si no estoy de acuerdo con él.

Desde mi punto de vista no pido mucho. Me parece una petición bastante modesta y simple de cumplir.

No le estoy pidiendo al Gobierno que sea perfecto. Eso sería pedirle demasiado a cualquier gobierno y, francamente a cualquier ser humano. Tampoco estoy pidiendo a quienes gobiernan que piensen como yo, voten como yo, o compartan mi filias y mis fobias políticas.

Estoy pidiendo algo mucho más revolucionario y con gran impacto social: ¡Que hagan su trabajo!

Porque gobernar no es una curiosa competencia nacional de porras, si aplaudes al Gobierno eres ciudadano consciente y si lo cuestionas eres conservador, neoliberal, traidor a la patria o en un descuido, responsable de la caída del Imperio Romano. Aunque en esto último, seguramente encontrarán un hilo conductor que los lleve a acusar a Calderón…ante quien el mismísimo Belcebú rinde cuentas.

Criticar al Gobierno no es de ahora, es un deporte nacional institucionalizado por Rius y Palillo, quienes ahora tendrían material de sobra, por las ocurrencias de nuestros políticos que no avanzan… pero cómo aplauden al neo-presidencialismo.
Ellos se comportan como un equipo de fútbol esperando porras y que el pueblo acepte sus fracasos como parte de la estrategia.

La presidenta como directora, llega a su segundo año con una aprobación cercana al 69%, dato que hacen valer todos los días, más hay otros datos que no se deben de ignorar: la inseguridad, la incertidumbre jurídica que impacta en la inversión y, ahora se suman los malos resultados de la prueba PISA 2025 donde seguimos cayendo por más becas que se otorguen a los estudiantes, sin que muestren compromisos para mejorar, ya que eso de los méritos es pura pretensión.

Y es ahí donde está la pequeña pero gran diferencia entre gobernar y hacer propaganda de gobierno. Porque una cosa es que el discurso diga que vamos bien y otra muy distinta es que el ciudadano lo pueda comprobar o se demuestre con resultados.

Pero ¡aguas! que esto es apenas la primera parte. Viene otra temporada de nuestra serie favorita: “El presupuesto no alcanza, pero la explicación sí”. Por lo mientras, y previo al inicio formal de la temporada, la Secretaria de Hacienda proyectó un gasto por 10.5 billones de pesos y un crecimiento del 2%, lo cual es una promesa que no se cumple, pero si se difunde. Será en el Congreso donde nuestros legisladores lo pulirán y adecuarán para gastar conforme a los tiempos políticos del 27, yo solo espero que ellos sí hayan pasado la prueba PISA.

Me pregunto ¿Quién va a pagar todo esto? Porque la 4T puede prometer todo lo que el papel y la mercadotecnia soporte, el problema es que después llega la factura; factura, queridos lectores que tiene una desagradable costumbre, no vota, no aplaude y no participa en las mañaneras… Simplemente llega. A veces convertida en un nuevo impuesto, otras en el aumento de uno ya existente y, faltaba más, todo bajo la premisa de lo que es “por tu salud”, “por tu seguridad” o “por tu bienestar”.

Cobrar impuesto no es malo. Lo malo es que el ciudadano tenga que pagar cada vez más y todavía tenga que escuchar que debe de sentirse agradecido porque el Gobierno le está haciendo el favor de administrar su propio dinero.

Y es aquí donde volvemos al principio. No quiero un Gobierno que piense como yo.
Quiero un gobierno que respete mi derecho a pensar diferente. No quiero que me diga qué debo de creer. Quiero que me dé resultados suficientes para que yo pueda sacar mis propias conclusiones. No quiero un Estado que necesite a aplausos… quiero un Estado que funcione.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC




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