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¿La regresión textualista?

¿La regresión textualista?

Columnas jueves 29 de octubre de 2020 - 00:51

Por Francisco Castellanos

Amy Barret fue designada ministra de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América. Como jueza de una corte de apelación federal en Chicago, durante los 3 últimos años, su labor se caracterizó por reproducir la visión del derecho constitucional del extinto ministro Antonin Scalia, líder de la jurisprudencia conservadora de la Corte, de quien fuera secretaria de estudio y cuenta en: 1998-1999.

Esa visión, consiste en que, al interpretar la Constitución, se debe dar un significado que corresponda con el entendimiento que de tales expresiones tenían los padres fundadores -como se les llamó a quienes conformaron la Asamblea Constituyente norteamericana- en el momento en el que fueron escritas. Pero el textualismo va aún más lejos, pues propone que no se debe interpretar más allá del entendimiento de lo que cada palabra significa.

No se trata, desde luego, de regatear los indudables méritos profesionales que la ministra Barret tiene y la han posicionado como una jurista excepcional en el conocimiento del derecho norteamericano. En realidad, entre estudiosos de la jurisdicción constitucional ha surgido una pregunta que debemos tratar de responder. ¿La orientación jurídica de la ministra Barret es compatible con los problemas que presenta el constitucionalismo actual?

Estamos en la tercera etapa de la evolución del derecho constitucional denominada: constitucionalismo de los derechos. Se trata de un importante giro teórico que no solamente supera el formalismo positivista kelseniano de manera definitiva, sino también al modelo garantista de Ferrajoli, al incluir elementos como: valores, cultura y dilemas filosóficos que son determinantes en el desarrollo de una sociedad abierta.

Las constituciones actuales tienen como base la protección de la dignidad de la persona y, como consecuencia directa de ello, el respeto de sus libertades y derechos, así como los esfuerzos que el Estado debe hacer para otorgar facilidades que permitan a cada persona en lo individual y colectivo, cumplir sus propios planes de vida. Constitución es hoy, una propuesta de soluciones posibles, es decir, un compromiso de las posibilidades, mas no un proyecto rígidamente dispuesto.

¿A caso no ha sido la jurisprudencia evolutiva la que dio voz y dignidad a las mujeres y a las personas afroamericanas después de siglos de lucha?

¿Con qué anteojos se podría descubrir el significado que en 1787 tenía la identidad sexo-genérica de las personas o el concepto de vida, por ejemplo, para la interrupción del embarazo? ¿Cómo trasladaríamos lo que entonces significaba ser menor de edad o persona con discapacidad, a lo que esas categorías implican en los conflictos actuales?

Otros dilemas como la lucha contra el cambio climático, la experimentación genética en personas o la subrogación de vientre ¿pueden ser resignificados en la actualidad desde lo que los constituyentes pensaban en 1787?

La Corte de EUA da vuelta al origen, pero como aún no tenemos máquinas del tiempo, es de pronóstico reservado saber cuáles serán los resultados del retorno.


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/CR

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