Los enemigos de la Universidad Nacional Autónoma de México no están en el actual gobierno. La oposición guarda en su historia una larga lista de agresiones a la universidad pública, principalmente por una razón que debieron superar en pleno siglo XXI, que es la educación laica.
A 14 días de la matanza de Tlatelolco, Carlos Castillo Peraza, ahora erigido héroe de Acción Nacional, escribió en el Diario de Yucatán un artículo donde afirmaba: “¿Cómo actuará en otra forma una juventud educada sin cuidado y en una ausencia casi total de valores espirituales, gracias a un sistema masivo, ateo, materialista y laicizante?”.
Es decir que la juventud que exigía abrir los cauces de la democracia estaba desorientada porque carecía de educación espiritual religiosa en particular, y católica para ser más precisos.
En México la autocrítica es interpretada como el inicio de una división. No se permite ver hacia adentro ni para dormir. No es así. El PAN tiene extraviada esta palabra prácticamente desde su fundación y ahora, ante la necesidad de definirse respecto a la educación, mantiene nexos, cada vez más cercanos con el partido español VOX, que se inspira en el franquismo. Esa negra etapa de la historia del país ibérico que obligó a México romper relaciones diplomáticas con Francisco Franco en 1939, por su política fascista. Una de las razones por las cuales Lázaro Cárdenas rompió relaciones con el régimen de España fue que “un triunfo franquista podría alimentar a los grupos de derecha que hay en México”.
Que es exactamente lo que ahora hace el PAN, a través de un tal Julen Rementería y otros senadores que aseguran fue a título personal la invitación a Santiago Abascal, líder de VOX.
En agosto de 1945, en España tuvo lugar el Bibliocausto, una quema de libros que superó las 72 toneladas de papel, porque el generalísimo considera extranjerizantes. En ese mismo periodo fueron fusilados en plazas públicas maestros, bibliotecarios, editores y libreros, entre otros, el director de la casa Nós, Ánxel Casal, el librero Rogelio Luque, o la bibliotecaria Juana Capdevielle, de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, a quien mataron estando embarazada.
Esa es la doctrina que defiende VOX, y que admira el PAN, que ahora se pone a defender la Máxima Casa de Estudios del país, con un historial de represión y exterminio a la educación que le identifica.
Con esa trayectoria de ideas, con esa herencia fascista es de desear que ningún miembro del PAN deba impartir cátedra en Universidad alguna, porque entonces, automáticamente debería dejar de llamarse así. No es falta de pluralidad sino exigencia de ser vanguardista y no ha y avanzada que viva en la nostalgia del pasado.
La UNAM debe reconocer sus rezagos educativos, sus improvisados profesores, su línea antipopular.