Al momento de escribir esta colaboración desconozco dos resultados. No sé cómo quedó el partido entre México y Ecuador, pero deseo con mucho amor que siempre gane México. Tampoco sé lo que va a decidir el gobierno de Donald Trump sobre la ratificación del T-MEC pero sospecho que no lo revalidará.
Desde hace meses lo hemos visto utilizar los mecanismos comerciales como arma geopolítica ¿Por qué habría de cambiar justo ahora? Los aranceles, las amenazas y las renegociaciones son su juguete favorito. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿Y si no? ¿Y si Trump no ratifica el acuerdo comercial por 16 años más?
Si Estados Unidos decide no extender el tratado por otros 16 años, el T-MEC no desaparece. Entra en una especie de prórroga interminable con revisiones anuales durante una década y una fecha límite en 2036.
El verdadero problema no es la muerte del tratado, sino la incertidumbre. A los inversionistas les gustan la rentabilidad, el crecimiento y la estabilidad. Lo que no soportan son las sorpresas. Cuando las reglas cambian constantemente, el dinero también cambia de destino. Los proyectos se frenan, las decisiones se posponen y el entusiasmo empresarial se diluye.
Pero México tampoco puede seguir dependiendo exclusivamente del humor político de Washington. Durante décadas ha construido una red de acuerdos comerciales con Europa, Asia-Pacífico y Sudamérica . La coyuntura debería servir para acelerar esa diversificación y reducir una dependencia que, elección tras elección en Estados Unidos, vuelve a poner nerviosos a empresarios e inversionistas.
Bajo ese escenario, la estrategia mexicana tendría que evolucionar. No bastará con esperar la siguiente ronda de negociaciones entre gobiernos federales. Será indispensable construir alianzas con el sector privado de ambos países e incluso fortalecer el diálogo con gobernadores estadounidenses cuyas economías dependen del comercio con México. Si la revisión del T-MEC será anual, la diplomacia económica también deberá convertirse en un ejercicio permanente y debemos prepararnos para eso.
Deudas pendientes
Desde que Ualá adquirió en 2021 al banco ABC Capital para integrar su infraestructura y operar con licencia bancaria, las cosas no le han salido a la fintech argentina. A cambio de tener presencia en el país, Ualá asumió una altísima cartera vencida de ABC Capital cuyo rezago llegó a ser de casi el 80%. A pesar de ello, persistió en el empeño. Hoy debe de estar muy preocupada porque por más que le canaliza recursos, no logra bajar sus niveles de morosidad.
Para colmo, ABC Capital tiene litigios pendientes. Uno de ellos involucra a las firmas Alin y Man Grupo Inmobiliario, que la demandaron por créditos de vivienda que nunca otorgó y por no concretar la venta de viviendas. Ualá tendrá que analizar muy bien los pasos a seguir. ABC Capital no tienen viabilidad. Y por lo visto, como se perfila la situación, las cosas podrían incluso empeorar.
HUGO GONZALEZ GALLARDO
COLUMNISTA
EL UNIVERSAL, CONTRARÉPLICA
Director de tecnoempresa.mx
M.- 55 17733240
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