Hacer de los enemigos del enemigo nuestros aliados, es una muestra de ignorancia histórica muy grave que tiene que ver con la formación de quienes así piensan. Un ejemplo claro es la calidad de héroe que le otorgan en México los conservadores a León Trosky, quien, por el hecho de ser contrincante de José Stalin, es admirado por la derecha mexicana.
Si Trosky hubiera gobernado la Unión Soviética, los cambios en el sistema económico debieran sido más profundos y su autoritarismo menos. Tal vez tomando en cuenta estos dos factores pudiera pensarse que todavía hubiera URSS. Esto implicaría que sería Trosky enemigo de los conservadores mexicanos que son muy distraídos a la hora de estudiar historia.
Problemas de formación que tiende a ser adoctrinamiento. Características del maniqueismo en el que basan su vida entera algunos sectores de la población que suelen vivir entre lo bueno y lo malo. Rechazan en público lo malo y lo practican en privado y muestra a todos, su lado bueno, aunque en realidad no lo sean tanto.
La guerra contra los libros de texto de la SEP tiene como base estas lagunas que nunca han sabido, podido o querido llenar los conservadores. Nadie, por mucha imaginación que tenga, puede figurarse a Marko Cortés leyendo un libro. La cultura de la derecha la mostró Lilly Téllez presumiendo a su autor favorito: Paolo Coelho.
La lectura implica interpretación y no el aprendizaje de una doctrina, como si se tratara de una lectura religiosa, tan socorrida por los conservadores. Los libros de texto son un auxiliar de la educación, que se complementa en el aula, en la casa, en la calle, incluso en el recreo. Pensar que sólo hay educación en el salón de clases es un retroceso.
Considerar que algún libro debe tirarse a la basura o desprender las páginas que molestan a los conservadores muy afectados, recuerdan la quema de libros de Hitler, de Pinochet, de Franco y de Bolsonaro. Los panistas todavía no se dan cuenta que son oposición, que perdieron las elecciones y no se imaginan que las van a volver a perder, con una famélica militancia, con un líder anquilosado en su cargo, extraído del siglo antepasado, con serias divisiones internas se agarran de cualquier clavo caliente para sobrevivir y tienen, en la crítica a los libros de texto su mejor batalla.
Ellos lucharon contra esos libros desde el primer día que se imprimieron en 1959. Los pocos militantes panistas visitaban casa por casa para juntar firmas para que los desaparecieran. Les parecían la continuación de movimientos populares como la Revolución Cubana que inició ese mismo año. Con el antecedente de Cárdenas, la creación del Poli y el impulso a la educación socialista, la aparición de esos libros es una especie de pasaporte al infierno.