La dependencia de las redes sociales, videojuegos y plataformas digitales se ha convertido en un problema cada vez más frecuente entre adolescentes y jóvenes. Expertos advierten que el uso compulsivo de estas herramientas puede derivar en una pérdida de control sobre la conducta y afectar de manera significativa la vida social, familiar y académica.
El catedrático de psicología Enrique Echeburúa ha señalado que las adicciones, con o sin sustancias, representan una “patología de la libertad”, ya que limitan la capacidad de elección y condicionan la vida de las personas. En el caso de las nuevas tecnologías, el atractivo radica en que están disponibles las 24 horas y activan el circuito del placer en el cerebro, lo que impulsa a repetir la conducta de manera constante.
Los especialistas destacan que la adicción tecnológica se caracteriza por la necesidad creciente de dedicar más tiempo a estas actividades y la incapacidad de detenerse, lo que genera consecuencias negativas en distintos ámbitos. Entre los factores de riesgo que pueden predisponer a los jóvenes se encuentran la impulsividad, la baja autoestima, la falta de afecto, estados de ánimo ansiosos o depresivos y escasas relaciones sociales.
Jesús Tejedor, psicólogo del Centro de Atención a las Adicciones de Latina, en Madrid, subraya que el tratamiento no busca eliminar por completo el uso de las tecnologías, sino enseñar a utilizarlas de manera adecuada. Propone que los jóvenes encuentren metas y valores incompatibles con la adicción, lo que les permita construir un estilo de vida más satisfactorio y saludable.
La clave, según los expertos, es aprender a establecer una nueva relación con las herramientas digitales y recuperar el control de la conducta para prevenir recaídas y fomentar un equilibrio entre el mundo virtual y la vida real.