Los líderes políticos actuales siguen sin acatar las recomendaciones del sexto informe AR6 2023 del Panel Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático (IPCC) que dice: eliminación rápida de carbón, petróleo y gas. No más expansión de fósiles y quitárles el subsidio. Triplicar inversiones en energías renovables y duplicar la eficiencia energética al 2030. No depender de tecnologías milagro. Cambio de estilo de vida en ciudades. Podemos reducir entre el 40 y 70 % de gases de efecto invernadero (GEI) para 2050. Ciudades más pequeñas, transporte público eléctrico y zonas verdes. Debemos reducir las emisiones actuales/CO2 a la mitad al 2030. El objetivo es llegar a emisiones netas cero (CO2) al 2050. El 87.0 % de estas reducciones provienen de optimizar el uso de energía en la industria y abandonar los combustibles fósiles. La realidad es muy diferente: no quieren aplicar estas acciones. Las emisiones globales de CO2 siguen aumentando.
Como consecuencia la generación global de SO2 por el uso del diésel, combustóleos y quema de carbón está ubicada en aproximadamente 100.0 millones/ton/año que puede producir 151.1 millones de ton/año/ácido sulfúrico (H2SO4) y 30 millones de ton/año/óxidos nitrosos (NOx) que pueden producir 41.1 millones/ton/año/ácido nítrico (HNO3). En números más entendibles llueven diariamente 413,972.60 ton de ácido sulfúrico y 112,602.73 ton de ácido nítrico en los mares y continentes. Con los consecuentes daños al gran ecosistema.
El Centro del Mar Báltico de la Universidad de Estocolmo afirma que muchos científicos ya conocían en los 80´s la exposición generalizada de los seres humanos a las PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) conocidas como “químicos eternos” (son persistentes, no se degradan). Los fabricantes ocultaron esta información y la concientización de la comunidad científica inició hasta principios de la década de 2000. En 2009 el Convenio de Estocolmo (prohibición de Contaminantes Orgánicos Persistentes) incluyó en su lista de sustancias tóxicas el Ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS). Usado en espumas contra incendios, alfombra, textiles y cromado de metales. En 2019 incluyó el Ácido perfluorooctanoico (PFOA) usado en recubrimientos de utencilios de cocina antiadherentes (Teflón), envases de alimentos y ropa impermeable. En 2022 incluyó el Ácido perfluorohexanosulfónico (PFHxS), utilizado en tratamiento de cueros, alfombras, abrillantadores y espumas extintoras. En enero de 2026 entró en vigor la prohibición de los ácidos perfluorocarboxílicos de cadena larga (PFCAs) como el C9, C14 y C21, usados en fabricación del fluoruro de polivinilideno, formulaciones de lubricantes de alta resistencia térmica y en acabados superficiales para componentes electrónicos y automotrices.
El grave problema es que existen miles de compuestos derivados de estas sustancias y su regulación y prohibición es muy compleja. Pero sabemos que su dispersión en aire, agua y alimentos es inimaginable. Literalmente llueven PFOS. Las investigaciones científicas realizadas por este Centro de Mar Báltico encontraron concentraciones muy alarmantes de estas sustancias en suelo, agua y sangre humana. México no hace nada para detener nuestro envenenamiento.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y “X” @calvarezflores